TESIS

LA DIMENSIÓN SOCIAL DEL SÍNTOMA CONTEMPORÁNEO EN LA SERIE DE TELEVISIÓN THE WIRE

Juan Pablo Duarte

La “dimensión social del síntoma” es una expresión que el psicoanalista francés Jacques-Alain Miller utiliza en El Otro que no Existe y sus comités de ética y se refiere al modo común de goce que presenta un determinado momento de la civilización. Este seminario es dictado por Miller junto a Eric Laurent entre 1996 y 1997, en los años previos al inicio de lo que se conoce como una nueva edad dorada de la televisión. Los callejones sin salida o puntos muertos que plantea la civilización contemporánea, constituyen elementos centrales de las series del nuevo milenio. A diferencia de sus predecesoras, muchas de las series actuales ponen en escena un mundo en el que los problemas no se resuelven al final de cada episodio, tampoco al final de la historia. El horizonte de sentido que implica la existencia del Otro, dejó de ser un elemento necesario en esta forma narrativa que, como señala Gérard Wajcman, se constituye en el relato de nuestro tiempo.

Dos décadas separan los planteos de El Otro que no existe… de la discusión psicoanalítica actual. Desde el dictado de aquel seminario a la fecha, podría decirse que la civilización cambió. La crisis financiera de 2008 dejó al descubierto las grietas de la Unión Europea. En el 2011 surge el movimiento de “los indignados” en España como respuesta a la crisis económica de 2008. En 2010 comienzan las primaveras árabes y caen los regímenes autoritarios de Túnez, Egipto y Libia. Por esta época comienzan a producirse las primeras oleadas de refugiados que intentan pasar las fronteras de Europa. Al Bagdadi refunda el Califato y la guerra en Siria toma escala internacional. Se suceden atentados terroristas en diferentes lugares de Europa. Una ola de neopopulismos emerge en Latinoamérica. Se produce la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Donald Trump se convierte en presidente de los Estados Unidos. La lista de acontecimientos podría continuar, sin embargo es posible aislar una propuesta que permanece constante en lo que hace a la lectura psicoanalítica de lo social: el concepto de identificación, forjado por Sigmund Freud durante el ascenso del nacionalsocialismo en Psicología de las masas y análisis del yo, no basta para abordar el goce en la civilización contemporánea; el síntoma se presenta como un posible relevo conceptual.

Por la capacidad de expansión de sus producciones culturales —y por ende, de sus síntomas— en el discurso social del mundo globalizado, Estados Unidos de América constituyó para Miller una civilización privilegiada en la que el psicoanálisis podría operar el desciframiento del síntoma contemporáneo en su dimensión social. Periódicos americanos como el New York Times, el International Herald Tribune o The Wall Street Journal constituyen algunos de los medios a partir de los cuales Miller y Laurent se aproximan al contexto del lazo social que determina los síntomas de la inexistencia del Otro, la emergencia de los comités de ética y el ascenso del objeto a al cénit social. Pero el cambio de modelo periodístico producido a partir de la expansión de Internet, con la consecuente crisis o desaparición de una gran cantidad de periódicos en los Estados Unidos, y posteriormente en el resto del mundo, obliga a apelar a otras herramientas para acceder a este contexto. Por tratarse de un producto masivo de la cultura industrializada que, desde Norteamérica, se expande al resto del mundo, las series de televisión podrían considerarse un relevo de los medios tradicionales de información. Los periódicos no sólo están desapareciendo, además el público descree de ellos. El cuarto poder no se mantuvo indemne a la suerte de los tres restantes y la increencia que afecta a gobernantes y jueces también se cernió sobre quienes supuestamente los vigilan.

Miller se refiere a “la época lacaniana del psicoanálisis” como la época de los desengañados y ubica el comienzo de su elaboración psicoanalítica en el seminario Aún, dictado por Lacan entre los años 1972 y 1973. De acuerdo a esta periodización, la época de lacaniana del psicoanálisis vería nacer lo que François Jost describe como “los hijos de la televisión”.

Las generaciones que crecieron durante los años ochenta, con la emisión ininterrumpida de los canales de TV, desconfían de las esferas oficiales de información: gobiernos y medios de comunicación. Para este especialista en medios de comunicación, la prolongación de la ficción televisiva a la realidad opera como un recurso frente a la carencia de información creíble sobre los acontecimientos del mundo. La matriz de la que es efecto David Simon, el principal creador de The Wire, implica la crisis terminal de la prensa escrita y del medio en su conjunto. Simon atravesó por la experiencia del proletariado que retrata The Wire. La crisis de la prensa escrita es abordada en la última temporada de la serie y envuelve sus otras temporadas, que giran en torno a otras formas del proletariado posindustrial. Es este fenómeno y no la economía de las drogas, el sistema de justicia, la educación, el trabajo en los muelles o la política, el primer objeto de análisis pormenorizado de la presente investigación.

The Wire es una historia sobre la ciudad, edificada a partir del testimonio de aquellos que la ciudad rechaza. Aunque su historia denuncie el imperio de la imagen, es una serie de televisión que, como ninguna otra, hizo de este registro un recurso para elevar su versión de Baltimore a la condición de síntoma de la ciudad contemporánea. The Wire, a diferencia del Otro, existe. No es una teoría acerca del modo en que una civilización debería funcionar, tampoco es algún tipo de oda al pasado de los Estados Unidos. Existe fuera del plano de la historia que narra. En esa ciudad que puede ser cualquier ciudad del mundo, detectives, policías, trabajadores del puerto, traficantes, delincuentes, maestros de escuela, políticos, periodistas, actores y escritores pudieron hacer pareja con el goce de su ciudad a partir de una serie de televisión. Este partenerato, que luego se extendería globalmente a los espectadores y estudiosos de The Wire, nombra la gran escucha a partir de la cual este lazo se hace posible. The Wire no terminó con su último capítulo. Se pluralizó en nombres como Generation Kill, Treme, Show me a hero y The Deuce. Se trasladó a otras ciudades como New Orleans o New York e incluso a otros países, como Irak. Estos equívocos y las no-historias a las que dan lugar, constituyen una multitud de versiones del síntoma en su dimensión social. En todos los casos, estos objetos de la cultura son series-síntomas, si por ello se entienden las diferentes respuestas a las imposibilidades que plantean sus historias. El vínculo social, su posibilidad a partir de la escucha, es la gran enseñanza que estas series podrían brindar al psicoanalista en la ciudad actual

LAS VIOLENCIAS. UNA LECTURA RESPECTO DE LA PERTINENCIA DE SU CONCEPTUALIZACIÓN EN PSICOANÁLISIS LACANIANO

Carlos Picco

Este trabajo de tesis consiste en un recorrido bibliográfico profundo por la obra freudiana y los textos lacanianos, en interlocución con el pensamiento de otros autores provenientes especialmente de la filosofía como Walter Benjamin y Slavoj Žižek, con el fin de rastrear los modos en que se piensan la violencia y la agresividad. Se persigue con esto el objetivo de discernir la pertinencia -o no- de una conceptualización de la primera, en su pluralización, que sea apropiada para el psicoanálisis de orientación lacaniana.

EL ESTATUTO DEL CUERPO EN LA EXPERIENCIA ANALÍTICA. UN ABORDAJE DESDE EL ANÁLISIS DE CASOS

Estela Carrera

El presente trabajo examinó la incidencia del cuerpo, a partir de la última enseñanza de J. Lacan, en la experiencia analítica. El método de estudio que se utilizó es del tipo exploratorio, y cuenta con un abordaje de tres casos. El análisis del concepto de cuerpo desarrollado por Jaques Lacan, mediante la técnica de análisis de casos, posibilitó diferenciar el cuerpo en su dimensión imaginaria, simbólica y real; y explicar el concepto de cuerpo afectado por el goce. Analizar los testimonios de experiencias analíticas llevadas hasta su finalización para indagar en la relación transferencial la operación del goce en el cuerpo del analizante e indagar en la relación transferencial la incidencia del cuerpo del analista.

LA SEXUACIÓN EN LA ÚLTIMA ENSEÑANZA DE LACAN. UN PASAJE DE LAS TABLAS DE LA SEXUACIÓN A LA SINGULARIDAD DEL SINTHOME A TRAVÉS DE LO FEMENINO

Fernando Pomba

El trabajo de tesis se trata de una investigación de las elaboraciones de Lacan sobre la sexuación en el último tramo de su enseñanza. Indagando, en primer lugar, la estructura y los elementos que componen las “tablas de la sexuación” presentadas en el seminario 20. En donde Lacan plantea modalidades de goces distintas para el hombre y para la mujer más allá de la anatomía y de las identificaciones. En segundo lugar se despeja y profundiza lo específico del lado femenino de las tablas, en el cual está implicado una modalidad de goce que no estaría sostenida por la egida del Edipo. Así se llega a la idea principal del trabajo donde se plantea, siguiendo a Jacques-Alain Miller, de que es por el sesgo del goce femenino que Lacan llegaría a entrever una conceptualización del goce que después generalizaría al parlêtre. Finalmente se indaga y se avanza en la conceptualización sexuación desde uno de los conceptos princeps de la ultimísima enseñanza de Lacan: el sinthome.

EL CUERPO EN LA CLÍNICA CON NIÑOS A PARTIR DE LA ÚLTIMA ENSEÑANZA DE LACAN

Antonela Falco

La presente tesis de maestría es un estudio acerca del cuerpo en la clínica con niños. El trabajo de investigación se elaboró a partir de la obra de Jacques Lacan, específicamente lo que se denomina su última enseñanza.

Para abordar dicho trabajo se realizó una investigación del tipo teórico puro a partir de un diseño bibliográfico. El desarrollo, cuenta también con dos casos clínicos y la utilización de tres libros- album de la ilustradora Isol, estos fueron recursos que permitieron poner en tensión y lograr un mejor entendimiento de los planteos en torno al cuerpo que Lacan desarrolla al final de su enseñanza.

Este recorrido da cuenta que para el psicoanálisis el cuerpo tiene la propiedad de ser un cuerpo erógeno, el cual una vez adentrado en circuitos de satisfacción la biología se desprograma y comienza a regir una lógica que le es propia. Se puedo despejar la idea de que cada niño tendrá que encontrar una forma singular de enlazarse al propio cuerpo, ya que tener un cuerpo no es algo que venga dado, esto dependerá de la forma en que se hayan anudado los tres registros vía el sinthome.

El trabajo en la clínica, en este punto, implica poder acompañar a cada niño en el proceso de constitución y anudamiento del propio cuerpo.

Palabras claves:

Cuerpo- niño- clínica- constitución- anudamiento- sinthome.

LA POSICIÓN DEL ANALISTA ANTE LAS URGENCIAS SUBJETIVAS EN LOS SÍNTOMAS ACTUALES. ESTUDIO DE CASOS

Patricia Lucero

El objetivo de esta investigación fue analizar la posición del analista y su modo de intervención ante las urgencias subjetivas en los síntomas actuales, en el marco de la sociedad contemporánea desde la obra de Lacan. Para dar respuesta a dicho objetivo se llevó a cabo una investigación de tipo exploratorio clínico-conceptual. Basada en el estudio de casos.

La selección de casos se extrajo de documentos escritos y presentaciones en conversaciones, seminarios y publicaciones de analistas sobre urgencias subjetivas y síntomas actuales provenientes de diferentes ámbitos: consultorio privado, hospitales, instituciones psicoanalíticas.

La investigación permitió entender los efectos de la época del Otro que no existe sobre los sujetos, la presentación de nuevas formas clínicas requieren una atención eficiente del problema siendo la urgencia una modalidad clínica que se manifiesta con más frecuencia.

Se destacó que en cada uno de los casos el analista alojó la urgencia subjetiva con una lógica particular al tiempo. Frente a la prisa por concluir que exige el paciente, el analista intervino introduciendo una pausa que permitiría localizar el acontecimiento que el sujeto ubica como traumático o las coordenadas en la que la irrupción sintomática aparece. Este acto que implica abrir un tiempo de comprender, tiempo que se introduce entre el instante de ver y el momento de concluir apunta a aislar lo real del síntoma que está ligado a una situación específica o a un conflicto nuclear subyacente. El paciente aparece construyendo un relato para elaborar la causa desde sus coordenadas históricas y familiares.

Finalmente se puede decir, que será responsabilidad del practicante dirigir la cura al encuentro con la causa, encuentro que por añadidura traerá el apaciguamiento de los síntomas. Poner el acento en esta lógica, el tiempo de la causa y el efecto, es tener en cuenta el ciclo retroactivo donde la causa solo se encuentra après-coup.

Se puede delimitar esta causa después de cada ciclo, cada vez de una nueva manera, cada vez que se esté ante un analista que posibilite formular una pregunta sobre el goce, que permita encontrar un punto de detención, una nominación provisoria en cada ciclo.

Palabras Claves: Posición del Analista, urgencias subjetivas, síntomas actuales, sociedad contemporánea, estudio de casos.

JOYCE & SCHREBER | UN ENCUENTRO A PROPÓSITO DEL AMOR Y LAS PSICOSIS

Virginia Kurganoff

“Lo único que hacemos en el discurso analítico es hablar de amor‖ (Lacan, 2008 [1972-1973], p. 101). El psicoanálisis ha sido desde el comienzo una apuesta que parte del amor y tiene, al final del análisis, algo nuevo que tramitar en cuanto a él. Si bien se viene hablando del amor desde mucho antes, éste vino a develar su verdad. No le alcanzan las figuras del amor que habían moldeado hasta entonces los filósofos, los poetas, los escritores, los antropólogos o los artistas. Llega por ello a inventar una ―figura inédita sobre el amor‖ (Allouch, 2011), que nombra transferencia. Ésta, en tanto entrada a la verdad del amor, es invento del psicoanálisis que no es más que la experiencia de este amor de transferencia dentro de la experiencia del análisis; ―allí está lo que merece ser llamado un acontecimiento en la historia del amor, absolutamente inédito, susceptible de arrojar un rayo de luz inédito sobre el amor‖ (Allouch, 2011). Hay toda una ética en relación a la práctica que aparece vinculada a este concepto y además, es un tema capital en el campo freudiano simplemente porque la experiencia de la transferencia, como asunto de amor, plantea, durante las curas, su problemática. De allí proviene el interés sobre este tema. Si “el problema del amor nos interesa en la medida en que nos permitirá comprender qué ocurre en la transferencia‖ (Lacan, 2008 [1960-1961], p. 47), y, hasta cierto punto, a causa de ella, la investigación sobre el amor, especialmente para aquel que decida practicar el psicoanálisis, se vuelve una necesidad, constante, convocante, insistente. Transferencia y amor: dos conceptos, profundamente vinculados, fundamentales en este campo.

El amor fascina y de él, como de todo fundamento, hay que saber. Por ello, primero Freud, y luego Lacan, han abordado este tema a lo largo de sus escritos. Por ello también todas las ciencias que se han dedicado al ser-humano se han hecho lugar en algún momento para estudiar eso que muchos han llegado a calificar como una locura. Incluso Lacan, que emplea el concepto de locura en diversos contextos, lo utiliza además para referirse al amor, llegando, incluso, a declarar que ―cuando se está enamorado, se está loco (…) Esto es el amor‖ (Lacan, 2001[1953-1954], p. 216). Esta designación, tan comúnmente aplicada, en general, a las cuestiones del amor, lleva a preguntarse acerca de los vínculos y relaciones que pueden pensarse entre ambos conceptos. Allí surge también el interés por las psicosis, no solo porque Freud ya había esbozado, en sus primeros escritos al menos, la relación entre este concepto y el de locura, denominando ciertas psicosis como locuras alucinatorias (1894, 1896), sino porque también Lacan evidencia en varios de sus escritos este paralelismo que merece ser retomado. Hablando de las Psicosis, y del amor, en su tercer seminario, sostiene:

¿Qué diferencia a alguien que es psicótico de alguien que no lo es? La diferencia se debe a que es posible para el psicótico una relación amorosa que lo suprime como sujeto, en tanto admite una heterogeneidad radical del Otro. Pero ese amor es también un amor muerto. Puede parecerles que recurrir a una teoría medieval del amor para introducir la cuestión de la psicosis es un rodeo curioso y singular. Es imposible, empero, concebir si no la naturaleza de la locura. (Lacan, 2009[1955-6], p.363)

Lacan continúa allí diciendo que con el paso de los años en la historia de la Humanidad, este amor-pasión de tipo platónico o idealista del que viene hablando se ha ido volviendo más inusual, ridículo, ―o lo que comúnmente se llama, y con justeza, una locura (…) – y sigue – ―el carácter de degradación alienante, de locura (…) presenta analogías con lo que sucede en el psicótico (…) El psicótico ama su delirio como a sí mismo‖ (Lacan, 2009[1955-6], p.364).

Desde el amor a la transferencia, entonces, y hacia la locura y las psicosis. Si Freud entra al psicoanálisis de la mano de la histeria, Lacan lo hace de la mano de la paranoia, y eso le da una posición otra, muy distinta. La categoría de psicosis aparece en la escritura de Freud con sus imposibilidades; para él, no sería posible su tratamiento. No obstante, y a pesar de haber dedicado gran parte de su vida al estudio de lo que, en la última parte de su enseñanza, engloba bajo el concepto de neurosis, las psicosis y sus mecanismos ocuparon considerablemente su campo de interés. Freud construye su teoría desde la neurosis y hace pie en ellas para mirar por arriba del muro que las separa de las psicosis. Eso queda plasmado de un modo casi evidente, especialmente en sus textos sobre Schreber; queda allí representado, de ahí en más, lo que puede denominarse el ―prejuicio freudiano‖ (Rodríguez Ponte, 1998, p.8), esta manera privativa de definir a las psicosis que implica sostener que la estructura es la de la neurosis y que la psicosis vendría a ser un déficit en relación a esa estructura. Pero, si en las psicosis no habría inconsciente, deseo, sujeto y obviamente transferencia, ¿por qué el psicoanálisis habla de psicosis y hace teoría de las psicosis? Esta pregunta conduce a que todo lo que sea posible abordar en relación a este concepto comprometa a toda la práctica del psicoanálisis en cuanto tal.

Esta práctica se resistiría, también con Freud, a pensar a la esquizofrenia o a la paranoia en términos negativos de déficit o disociación, por considerar que la división está presente desde el comienzo en el aparato psíquico. ―Abordar las psicosis, para interrogarla y para dejarse interrogar por ella, tiene consecuencias directas para la clínica, cualquiera sea, aun para la clínica de la neurosis” (Rodríguez Ponte, 1998, p. 25); tal vez por esto Lacan dedica no sólo su tesis de doctorado sino también, durante su primera enseñanza, un seminario completo al trabajo sobre la misma, y, además, de entrada y a diferencia de Freud, esboza y deja abierto para estos casos un tratamiento posible. La fórmula no retroceder ante la psicosis1, de Lacan, le indica al analista que toda demanda de análisis debe ser alojada.

La existencia de nociones transclínicas, por otra parte, permite pensar que la clínica diferencial no debería establecerse en términos de presencia o ausencia de algunos términos, y que quizás ―la posición del analista no sea tan distinta en las psicosis con respecto a las neurosis” (Rodríguez Ponte, 1998, p. 20). Aun así, suele suceder que si uno se enfoca en procurar, en las teorizaciones del psicoanálisis, articulaciones entre ambas categorías –amor/transferencia y psicosis- , lo común es que no se hallen a primera vista sino argumentos conceptuales que objetarían alguna posible intersección. Pero si el amor de transferencia es condición de producción de un tratamiento, se parte entonces de una problemática: habría o debería haber, si Lacan habló de un tratamiento posible, experiencias del orden del amor en el psicótico. Respecto de este punto parten los interrogantes que se propone abordar la presente investigación. Ahora bien, es sabido que en un primer tiempo de teorización, Lacan sostiene acerca de las Neurosis, que en ellas amar es dar lo que no se tiene2, implicando, así, la noción de falta. Trabaja además durante este período diversas figuras del amor, que pueden condensarse fundamentalmente en dos, siguiendo la lectura de Freud: aquella en la vertiente imaginaria –narcisista, en tanto fascinación imaginaria3-, y aquella en su vertiente simbólica- en tanto don de amor4-. Hoy, en la clínica actual, y posteriormente al octavo seminario de Lacan, es posible hallar nuevas teorizaciones y reformulaciones que propongan otras lecturas sobre el tema, otras articulaciones posibles entre amor/transferencia y psicosis. Al final de su enseñanza, Lacan se ocupará de las diferentes y singulares formas de amarre, de anudamiento de los tres registros – de esas tres dimensiones cuya importancia para comprender cualquier cosa siempre ha machacado: Imaginario, Simbólico y Real – ante la falla, ahora estructural, del lenguaje, que se les impone a todos los sujetos hablantes por igual. En este punto, la falla generalizada da lugar a soluciones positivas, en cualquier estructura clínica, y ya no puede hablarse de un déficit exclusivo en las psicosis. La consecuencia de ese viraje en la enseñanza lacaniana es que vuelve necesario, de allí en adelante, verificar caso por caso como un sujeto, parlêtre5, produce una solución a ese trauma fundamental, modulando la relación entre los tres registros, multiplicándose, por ende, las posibilidades de salida que funcionarán como dirección de la cura, debiendo cada escenario ser examinado en su singularidad.

Se ve así, por un lado, un momento teórico y con él, una clínica discontinuista, segregativa, con un rasgo diferencial que es el Nombre-del-Padre, que diferencia neurosis de psicosis, y por otro, una clínica acorde a la época actual, continuista, no segregativa, en la que no se trata de elementos diferenciales sino que la metáfora paterna será un aparato del síntoma6 entre otros, una forma de anudamiento más. Se trata, desde esta perspectiva, de cómo cada uno se las arregla con eso, con el agujero con el que debe vérselas el parlêtre en tanto ser de lenguaje (Miller, 2011).

De este modo, las soluciones psicóticas en Lacan ganan un nuevo estatuto hacia el final de su enseñanza, en parte también gracias a la formulación topológica del Nudo Borromeo a partir de la elaboración de Lacan sobre Joyce, de quien se permite aprender. El caso del escritor James Joyce es, en este punto, esencial para Lacan, pues él, con su singular escritura, parece ejemplificar a la perfección lo que Lacan denomina lalangue7, categoría que hace posible nuevas perspectivas para la praxis psicoanalítica. Sobre Joyce y sobre estos conceptos – y otros- versa todo el Seminario 23 ―El Sinthome‖ (1975-1976), sobre Joyce el síntoma, y sobre el modo en que Joyce fue capaz de hacerse él mismo un nombre propio, una nominación, convirtiéndose en obra de arte.

Dicho lo precedente, la propuesta del presente estudio consiste fundamentalmente en una organización del campo y un ordenamiento de las referencias de Lacan, no sin Freud, acerca de los conceptos y articulaciones posibles de Amor-Transferencia-Psicosis, para lograr primeramente una comprensión respecto del tema y luego, evidenciar los virajes, movimientos y cambios esenciales en la teorización lacaniana hacia el final de su enseñanza, cuyos efectos no son menores, se piensa, para la clínica actual. Se trabaja con eje en el concepto de amor, para aproximarse desde allí a la transferencia, a los fines de contribuir a la práctica del analista.

Se elige, para esto y en función del tema elegido, trabajar fundamentalmente el momento de teorización posterior al octavo seminario sobre ―La Transferencia‖ (1960-1), particularmente el período conocido como la última enseñanza lacaniana, tomando además principalmente sus elaboraciones sobre Schreber y sobre Joyce para finalmente ubicar distinciones y semejanzas entre los resultados, en relación a los primeros desarrollos. ¿Qué amor en Schreber? ¿Qué amor en Joyce? ¿Qué consecuencias para la clínica? Estas son cuestiones que se han querido revisar.

Si bien Lacan nunca describe a Joyce como situado en las psicosis, cosa que si sucede con Schreber, habla de él como un ―desabonado del inconsciente‖ (Lacan, 2006 [1975-1976], p. 162). Aquí, en lugar de introducir una discusión acerca de si Joyce era o no psicótico, lo que se pretende es ubicar, más bien, las referencias lacanianas que permiten pensar, en su caso, la compleja problemática, y situar el modo ejemplar en que con su escritura hizo nominación prescindiendo del Nombre-del-Padre.

La aspiración principal es, de entrada, la posibilidad de una articulación que contribuya a una complejización sobre la temática. La novedad que se introduce es el ordenamiento histórico-lógico, teórico-conceptual, y la articulación entre dos distintos periodos de la enseñanza de Lacan, paralela a la de dos casos clínicos fundamentales, por él utilizados.

JOYCE EL SÍNTOMA II, INSTRUMENTO DE LECTURA NEOBARROCO

Federico Racca

Joyce el síntoma II, es un texto escrito por Jaques Lacan en fecha incierta y publicado por primera vez en 1979 en el libro Joyce & Paris 1902… 1920-1940… 1975, Papeles del Quinto Simposio Internacional James Joyce en Paris 16-20 June 1975, editado por Jacques Aubert y María Jolas. Luego, será vuelto a publicar en Joyce avec Lacan, en 1987 por el mismo Aubert.

Por la época de su publicación, se trata de uno de los últimos textos de Lacan, que posee una alta dificultad para ser traducido y leído, ya que trata de rehuir de los significados jugando poéticamente con la obra de Joyce. Existe una cercanía con el inglés paródico del Ulises y del Finnegans Wake; aparecen la dispersión de sentidos, la escritura basada en la fonética, los constantes neologismos que son modificados en el curso de ese texto lacaniano de apenas cinco páginas.

A partir de esto, aparece la pregunta sobre ¿qué produce leer un texto como Joyce el síntoma II? Pero, antes, otra: ¿qué es leer?

Jacques-Alain Miller en su artículo Leer un síntoma sostiene que:

El psicoanálisis no es solo cuestión de escucha, listening, también es cuestión de lectura, reading… La lectura, el saber leer, consiste en mantener a distancia la palabra y el sentido que ella vehiculiza a partir de la escritura como fuera de sentido, como Anzeichen, como letra, a partir de su materialidad… El saber leer apunta a esa conmoción inicial, que es como un clinamen del goce… (2011, párr. 2, 23)

Severo Sarduy, poeta, novelista, ensayista, artista plástico y crítico cubano, vive más de treinta años en Francia a partir de los años 60, es afectado por la enseñanza lacaniana –asiste a los Seminarios– así como por la semiótica y los aportes de pensadores cercanos a él como Barthes, Wahl, Foucault y Deleuze. Sarduy comienza a publicar en París sus ensayos en revistas y en las ediciones de Editions Seuil provocando gran interés. Sus trabajos redescubren al neobarroco como instrumento de lectura para comprender el presente. Juega en la articulación de polos que hasta ese momento son vistos como antinómicos o, al menos, desconectados entre sí: centralidad europea/periferia latinoamericana, política/literatura, arte/ciencia, forma/contenido y, también, el tándem arte/ciencia/psicoanálisis.

Ya a comienzo del siglo XX se da una reaparición del barroco que va mudando desde una concepción esteticista, atada al aparato estatal de propaganda de la Contrarreforma, –y por ello con un carácter hegemónico– hacia el llamado “boom barroco” que comienza en los setenta y que funciona como un aparato que puede oponerse a la hegemonía cientificista, que plantea la posibilidad de una modernidad no atrapada en la idea de progreso infinito. Es a partir de esta época –y con una explosión en los 80– que en Europa aparecen textos donde el barroco es abordado desde distintos ángulos. Podemos pensar en autores tan variados como Omar Calabrese, L’età neobarroca; Buci-Glucksmann, La raison baroque y La folie de voir; Guy Scarpetta, L’impureté y Le pli de Deleuze.

Tanto en Europa como en América Latina, se pasa de la concepción esteticista del barroco, a ver al mismo como aparato epistémico. Teóricos y artistas de variados campos se colocan del “lado barroco” como será expresado luego por Lacan. Uno de los grandes hitos de este redescubrimiento se da con la publicación de La expresión americana (1957), por parte de José Lezama Lima, que teoriza al barroco como un arte de contraconquista.

Siguiendo esta línea del barroco que retorna en el siglo XX, me propongo emplear la teorización que hace Severo Sarduy en su libro El barroco y el neobarroco, para intentar demostrar que Joyce el síntoma II es un texto enrolado en el neobarroco y que desde este lugar funciona como un instrumento que permite leer desde un lugar otro.

Es de hacer notar que el precitado libro es contemporáneo al Seminario 20 Aún de Lacan, donde éste, en la clase del 3 de mayo de 1973, llamada precisamente Del barroco, afirma “me coloco más bien del lado del barroco” (2008, p. 130).

Sobre la pertinencia de la aplicación del neobarroco como instrumento de lectura, Sarduy muestra, ya en el comienzo de su libro, que intenta lograr un mecanismo preciso para este fin. Allí sostiene que lo que le interesa es restringir el barroco a un sistema, a “un esquema operatorio preciso”.

En el caso del psicoanálisis lacaniano y en especial en la enseñanza final de Lacan, la utilización del neobarroco como mecanismo de lectura, pone de manifiesto las posibilidades de un habla inter y transdisciplinaria, relacionando sistemas de signos diferentes, asentándose en el campo del comparatismo y la apropiación, lo que ayuda a repensar el valor y el contenido de algunos conceptos y metodologías psicoanalíticas, otorgándoles una nueva mirada en razón de estos efectos “transdisciplinarios” que los diferentes dominios posibilitan. El juego transdisciplinario revela el conservadurismo que producen determinadas fronteras y límites, permitiendo al psicoanálisis entenderse con actividades estéticas con las que guarda una relación en cierto contexto histórico, comprendiéndolo en diálogo con otras formas de representación como las literarias y visuales en su temporalidad histórica.

En base a lo anterior, como pregunta de investigación, planteo la siguiente: ¿Puede considerarse el texto de Jacques Lacan, Joyce el síntoma II, un instrumento de lectura neobarroco en los términos sarduyanos de El barroco y el neobarroco y, de ser así, que elementos de comprensión derivan de esa categorización?
Estas líneas de trabajo establecen en el campo actual de los estudios sobre el psicoanálisis lacaniano y sobre el neobarroco, un cruce que desprende nuevas posibilidades para pensar conceptos, métodos y principios; que habilita la reconsideración histórico-crítica de un texto como Joyce el síntoma II y, también, un des-cubrimiento de la producción de Jacques Lacan.

Este trabajo se organiza en tres partes que están integradas por siete capítulos, una conclusión y un anexo con tres capítulos. En cada capítulo se llevó a cabo un trabajo de detección, recolección, revisión y análisis de fuentes, para después centrarse en la elaboración. Estas tres partes y el anexo componen el esquema general de la tesis.

La primera parte está integrada por tres capítulos. Estos tratan los antecedentes y el marco cultural en que Lacan produce Joyce el síntoma II. El primer capítulo de esta primera parte lleva el nombre de Orígenes y muestra sucintamente el contexto en el que Lacan escribe Joyce el síntoma II, el período de su obra y de su vida y las situaciones que se dan en torno a la publicación del texto. El segundo capítulo, Un texto barroco, da una recorrida sumaria por la historia del barroco, por la evolución del concepto hasta su viraje desde una estética a una episteme poética. También analiza las vías por las cuales Lacan lo recibe y trabaja sobre la evolución del barroco lacaniano. El tercer capítulo de la primera parte, Joyce y Lezama, muestra las relaciones entre las obras de estos dos literatos, considerando que las mismas funcionan como sustrato –también como orígenes- en El barroco y el neobarroco de Sarduy y en Joyce el síntoma II de Jacques Lacan.

La segunda parte, dividida en dos capítulos, trabaja sobre las herramientas que un instrumento de lectura neobarroco utiliza. El primer capítulo, Método de Sarduy en El barroco y el neobarroco, muestra las características generales de una obra neobarroca en términos sarduyanos y, luego, el método planteado en El barroco y el neobarroco para considerar a un texto como neobarroco. El segundo capítulo de la segunda parte, El texto como herencia, trabaja el problema de la herencia/legado y sus teorizaciones tanto en el neobarroco como en algunos lugares de la obra de Lacan.

La tercera parte, compuesta de dos capítulos, es la aplicación de las herramientas de análisis (trabajadas en la segunda parte) al texto Joyce el síntoma II. El primer capítulo, El instrumento de lectura neobarroco, aplica el esquema operatorio que Sarduy plantea en su libro –tres mecanismos de artificialización (sustitución, proliferación y condensación), dos de parodia (intertextualidad e intratextualidad) y tres características (erotismo, espejo y revolución) – a Joyce el síntoma II. El segundo capítulo de esta tercera parte, Logos como la letra que se hereda o ¿cómo pensar el concepto de herencia en Joyce el síntoma II?, trabaja sobre el concepto de herencia, de logos/legado, en Joyce el síntoma II como posibilidad hermenéutica.

Luego vienen la Conclusión, que revisa y resume lo tratado a lo largo de la tesis y, finalmente, el Anexo, que trabaja el proceso de traducción que se llevó a cabo sobre la versión francesa de Joyce el síntoma II para llevarla al castellano. Se acompaña la versión castellana de Joyce el síntoma II y se reflexiona sobre el proceso de re-creación analizando temas como el juego entre versión y traducción, la imposibilidad de traducción del texto poético y, como corolario, se muestra el proceso de elaboración de la versión castellana de Joyce el síntoma II.

EL NIÑO TESTIGO DE LA GUERRA ENTRE LOS SEXOS, O LA FORMA QUE EL MALENTENDIDO TOMA EN LA ACTUALIDAD

Ivanna Ramé

A partir del psicoanálisis con niños y adolescentes, de su clínica, podemos inferir que, en algunos casos, la forma que toma su sufrimiento está relacionada con el modo en que se presenta en la actualidad el malentendido entre los sexos. Condición estructural del parlêtre que hoy es más bien una batalla.

Sabemos que el malentendido es inherente a la relación con el partenaire a partir de la relación sexual que no existe (J. Lacan, 1980), pero en la época actual nos confrontamos con disrupciones de goce y agresividad en los lazos de pareja1. Situación que podemos entender más bien como una “guerra entre los sexos” (Freud, 1918 – J. Lacan, 1948). En este contexto, orientamos nuestras preguntas acerca de esta modalidad de goce y de sus relaciones de proximidad o distancia con el concepto de malentendido.

Así, el tema de tesis se refiere a un modo de vivir cotidiano y actual que implica una dificultad en el lazo con el partenaire, el cual deriva en que el hijo sea tomado en este conflicto.

En esta coyuntura, planteo la posibilidad de que el niño ocupe el lugar de testigo, apoyándome en la referencia que da J. Lacan en su seminario 3, “Las psicosis” (Lacan, J., 1955) ya que como testigo “se testimonia sobre los propios cojones” (Lacan, J., 1955). Etimológicamente las palabras testigo y testimonio derivan de testis (testículos)2. Este lugar implica la puesta en juego del cuerpo, del goce del sujeto.

Es preciso sostener también que el niño o el adolescente, en ocasiones, en esta modalidad del lazo familiar, es colocado como objeto condensador de goce (Lacan, J., 1967) de alguno de los miembros de la pareja parental o de la pareja misma.

Siguiendo esta línea, el concepto del niño como objeto a liberado propuesto por Eric Laurent (Laurent, E., 2007), término que retoma la definición que diera J. Lacan en su seminario “De un Otro al otro” (Lacan, J., 1968), es pertinente en esta coyuntura.

Al señalar estos puntos, es entonces que podemos desplegar las preguntas que orientarán la investigación. En primera instancia, ¿el malentendido entre los sexos, inherente al parlêtre, en la actualidad, toma la modalidad de lucha entre los sexos? Y, por otro lado, ¿cómo se articula esta coyuntura del goce, de algunas parejas en la actualidad, con la función irreductible de la familia?

Sabemos que más allá de las diferentes formas de conformar familias hoy, ésta se fundamenta en lo irreductible de una transmisión ¿cómo incide esta disrupción o modalidad de goce en esta función?

En este sentido, podemos deducir también que las características de la época actual intervienen en esta problemática. Sabemos desde Freud que el malestar en la cultura insiste en tanto resto ineliminable de toda organización humana (Freud, S., 1930). Aunque, con J. Lacan consideramos que, a diferencia de la época victoriana de Freud, nuestra actualidad está atravesada por un empuje hacia un goce sin resto, la promoción del objeto a en detrimento del Ideal (Lacan, J., 1970). En continuidad con estas deducciones, podemos inferir que el ascenso del objeto a al cenit social reconfigura el amor, el deseo y el goce. Asimismo, en nuestro tiempo, asistimos a una progresiva decadencia del NP, cuestión de la cual podemos estudiar sus efectos.

Intentaré articular los conceptos trabajados por el Psicoanálisis de Orientación Lacaniana con casos y viñetas clínicas (de mi práctica) para arribar a una posible relación entre los términos planteados en el problema.

PSICOANÁLISIS & TOPOLOGÍA
EL NUDO BORROMEO COMO ESCRITURA

Guillermo Agüero

En esta investigación mostramos el lugar central que tiene la topología en la obra y en la enseñanza de Jaques Lacan. En la sistematización que de esa enseñanza realiza Miller hemos aprendido a separar un primer tiempo, un segundo y un último, al que no faltó agregarle incluso un ultimísimo tiempo en esa enseñanza.

Más allá de lo esclarecedor que pueda ser ese despeje consideramos y tratamos de demostrar, con citas a los textos de los escritos y de los seminarios de Lacan, que hay una constante que atraviesa toda su enseñanza. Dicha constante es lo que a los fines de esta investigación llamaremos el recurso topológico, es decir la topología que acompaña todos los desarrollos teóricos en los diversos momentos de la enseñanza de Lacan.

Sostenemos además que Lacan siempre tuvo la misma preocupación, la de dar cuenta de nuestra condición de seres hablantes y poder explicar por qué la clínica produce efectos sobre lo real del síntoma mediante un dispositivo de palabras. Al comienzo de su enseñanza con relación a la concepción y lógica del significante y el sujeto que implican, introduce la topología de superficies. Luego, hacia el final de su enseñanza, con la idea de que hay la sustancia gozante y que hace falta un cuerpo para gozar, recurre al nudo Borromeo para dar cuenta del ser y del goce, aunque deberíamos decir del ser de goce, lo que introduce los desarrollos sobre el cuerpo hablante hacia el final de su enseñanza.

Miller (1987) sostiene que a Lacan se le impone la topología en la medida que su concepción del significante, como puro corte, la introduce. El corte que introduce el significante en lo real y del cual hace depender al sujeto, representa con la superficie extrínseca a dicho corte al sujeto. Ese corte, como dice Lacan, introduce un vacío en lo real. Vacío en dónde el místico ve el más allá y del que Lacan se esfuerza en dar cuenta mediante su topología. De hecho, Miller (1987) sostiene que si a la enseñanza de Lacan se le amputa su topología se corre el riesgo de quedar atrapado en la fascinación de lo indecible. No sólo eso, sino que la topología le permitirá a Lacan, una transmisión de los conceptos y de la clínica en términos discretos, es decir, al modo de la transmisión científica.

La topología lejos de ser una introducción tardía en la enseñanza de Lacan, la acompaña desde su inicio a tal punto que pensamos que dicha enseñanza no es fácilmente entendible si se la omite. La topología no sólo está desde el inicio de su enseñanza, sino que ha ido variando con el correr de los años en función de lo que pensamos que era su búsqueda. Bien podemos pensarla como una constante que traviesa toda su enseñanza.

En esta investigación realizamos un recorrido en el que intentamos mostrar cómo esa constante topológica en Lacan ha pasado de los grafos a los esquemas y de las superficies topológicas a los nudos.

Apoyamos nuestras hipótesis de trabajo en la lectura en diversos autores que han trabajado la cuestión de la topología en el psicoanálisis, como: Miller (1987), Vapperearu (1997, 1998), Darmon (2008), Granon La-Font (1987, 1992), Schejtman (2013, 2018), Eidelsztein (2010), Soler (2009, 2017) Harari (1996, 2004), Bousseyroux (2016), Morel (2012), Maeso (2008), Chapuis (2012), Le Gaufey (2011).

A partir de esas lecturas arribamos al problema de esta investigación, a saber, la dificultad que comporta el entendimiento de ciertos conceptos en teoría psicoanalítica lacaniana cuando se omite la topología que Lacan desarrolla a lo largo de su enseñanza.

Del problema enunciado desprendemos nuestras hipótesis de trabajo. Hipótesis que podemos enunciar de la siguiente manera, la topología no es una introducción tardía en la enseñanza de Lacan, sino que está en el corazón mismo de su teoría. Además, ese recurso topológico, varía con los años según los cambios que él introduce con el tiempo en su consideración del estatuto del ser hablante y de cuál sería la razón de la eficacia del dispositivo analítico para modificar el síntoma. En esta serie podemos agregar que la topología del nudo Borromeo implica un esfuerzo de escritura de la clínica que va más allá del matema. De este modo sostenemos, como consecuencia de lo enunciado, que no es fácil entender la teoría psicoanalítica lacaniana si se le amputa la topología que implica.

NEUROSIS Y PSICOSIS: EN LOS UMBRALES DE LA VERDAD

Mariano Ambrosino

Lo que lo hace entrañable es su práctica,
la fuerza con la que trata de desescribir, como él dice,
para ganarse el derecho (y ganárselo a todos)
de entrar de nuevo con el buen pie en la casa de los hombres.
Uso sus mismas palabras, o muy parecidas.
Julio Cortázar, Rayuela, 1963

Originariamente esbozada por Freud, la distinción neurosis-psicosis es asumida por Lacan desde los comienzos de su enseñanza; aunque, podemos decir, esta asunción temprana de la disyunción no lo exime de abordarla y complejizarla a lo largo de toda su obra. Seguramente, y lo veremos a lo largo de esta investigación, podría decirse que las pretensiones del psicoanalista francés nunca fueron estrictamente nosográficas ni sus indagaciones apuntaban a embarcarlo en una disputa en semiología psicopatológica.

Precisamente, si acudió a los célebres psicopatólogos de su época no fue para dirimir con ellos minucias terminológicas o establecer rencillas de erudición académica, sino para reorientar adecuadamente la brújula de la indagación y trabajo clínico.

Una muestra de esto es el empleo que realiza de la obra de Clérambault: en la segunda clase del Seminario 3 desarma elemento a elemento el concepto de paranoia de éste para decir que “esta definición fruto de la pluma de un clínico eminente tiene algo llamativo, y es que contradice punto por punto todos los datos de la clínica. Nada en ella es cierto” (Lacan, 1955-56 [1984], p. 31). Sin embargo, esta postura no fue impedimento para rescatar conceptos clínicos valiosos del propio Clérambault, pongamos por caso los fenómenos elementales: “si leen por ejemplo el trabajo que hice sobre la psicosis paranoica, verán que enfatizo allí lo que llamo, tomando el término de mi maestro Clérambault, los fenómenos elementales” (p. 33).

Esta perspectiva entonces de desescribir, como dice el exergo de esta Introducción, los conceptos psicopatológicos y poder enlazarlos en la ética del psicoanálisis es lo que intentaremos rastrear a lo largo de las próximas líneas, invitando al lector a acompañarnos en ese camino.

Veremos entonces que en el devenir de sus interrogaciones, Lacan nunca dejó por fuera la cuestión de los tipos clínicos, como tampoco rehusó del empleo de las categorías diagnósticas heredadas sino que, muy por el contrario, realizó torsiones sobre ellas al calor de los más profundos giros teóricos. En el capítulo destinado a los Antecedentes trataremos de brindar las coordenadas del movimiento realizado por Lacan al interior de la psiquiatría para romper con ella a partir de su retorno a Freud.

En ese capítulo, además, abordaremos otros autores que, inscribiéndose en la orientación del psicoanálisis, intentaron desandar el camino teórico-clínico de Lacan en cuanto a la discontinuidad neurosis y psicosis, quizás persiguiendo objetivos similares a los de la presente investigación. Como anticipo a la lectura de aquel apartado, podemos decir que muchos de esos estudios realizan un recorrido cuasi descriptivo de lo que con impropiedad generalizada se denominan “estructuras clínicas”, cayendo en la tentación de un detalle semiológico pormenorizado en argot psicoanalítico.

Incluso otros, sin manifestar explícitamente la intención de borrar la distancia entre los tipos clínicos, la han abordado de modo tal que dificultan su precisión, aun sosteniendo que su postura nosológica es discontinuista. Entre estos, podemos encontrar a Indart (2009) con su concepción de fenómenos mixtos.

En otro grupo de autores, ubicamos aquellos clínicos que sostienen una clara distinción entre neurosis y psicosis pero su modo de abordaje desestima el principal elemento analítico: la palabra del paciente en transferencia. Este es el caso de Dör (1990), quien lleva al extremo el intento de la psiquiatría clásica del diagnóstico por el observable, intentando situar síntomas codificados que se ubiquen del lado de la psicosis o del lado de la neurosis.

Podríamos calificar estas posiciones como contrarias a aquellas que, sin desestimar la oposición neurosis-psicosis, ambicionan profundizar sobre sus límites para precisarlos y destacar su utilidad clínica. Entre estas posturas, encontramos a Soria Dafunchio (2008), quien intenta establecer una disyunción en aquellos casos que son de difícil decisión, aunque sus reflexiones no trascienden un “efecto de psiquiatrización del psicoanálisis” (Muñoz, 2015, p. 40, itálicas del original).

Otros autores intentan abordar las consecuencias de las elaboraciones lacanianas sobre la teoría de los nudos para el diagnóstico diferencial. En esta línea destaca el trabajo de Schejtman (2009) quien identifica un anudamiento para cada tipo clínico, a riesgo de imaginarizar la estructura del sujeto.

Por otro lado, y aún más involucrado en la complejidad de la distinción, encontramos a Muñoz (2014) con su propuesta de revalorizar el concepto de locura esbozado por Lacan como por fuera del diagnóstico taxativo neurosis-psicosis. Además, aquel autor intenta reflexionar sobre la concepción del diagnóstico en psicoanálisis, adoptando una postura crítica respecto de las pretensiosas categorizaciones universales de ciertas posiciones teóricas.

Teniendo en cuenta esta última perspectiva de lectura y estudio, en la presente investigación se intentará retomar la cuestión de la verdad como un concepto trascendental en la clínica diferencial. ¿Por qué la cuestión de la verdad? Porque es Freud quien se pregunta por ella en sus primeras prácticas analíticas, incluso en sus experiencias prepsicoanalíticas.

En el informe de su viaje académico por París y Berlín, Freud (1886 [1992]) demuestra su inquietud acerca de la consideración que recae sobre las histéricas: “en nuestra época, una histérica podía estar casi tan segura de que la considerarían una simuladora (…) y pronunciar el diagnóstico de «histeria» parecía significar que ya no se quería tratar más al paciente” (p. 11, el primer destacado es mío, el segundo es del original). En la misma dirección, ha ocupado un mayor lugar en la historia la célebre queja a Fliess en la carta del 21 de septiembre de 1897 [1992]: “ya no creo más en mi neurótica” (p. 301, las itálicas me pertenecen) donde esa falta de creencia, lejos de hacerlo desistir en su investigación clínica, lo impulsa a desarrollar el edificio teórico del psicoanálisis. Así, entonces, con solo estos dos pasajes podemos advertir que la cuestión de la simulación y el descrédito son situados como encubriendo una verdad a develar.

Es precisamente Lacan (1966 [2010]) quien afirma que “Freud tomó la responsabilidad (…) de mostrarnos que hay enfermedades que hablan y de hacernos entender la verdad de lo que dicen” (p. 211) avanzando más extremamente sobre esta cuestión al enunciar “yo, la verdad, hablo” (p. 386).

De esta manera, entonces, intentaremos desandar el camino teórico y conceptual de Lacan en cuanto a la clínica diferencial en psicoanálisis intentando pesquisar el lugar que en ello cabe a la verdad, sin tomar a los tipos clínicos como categorías estancas, ni mucho menos como cuadros a describir, sino pudiendo advertir la maniobra teórica que impulsa los movimientos clínicos.

Cierto es que la enseñanza de Lacan resiste a la homogeneización y en ella pueden advertirse distintos momentos en función del punto de investigación que asumamos. De esta manera, se desprende que el concepto de verdad no es trabajado del mismo modo por Lacan a lo largo de toda su obra. A los fines de nuestro trabajo se situarán tres momentos, a los que se le ha dedicado un capítulo para su adecuado tratamiento

En el primero de ellos, que hemos llamado el mito de la verdad, advertiremos que Lacan sostiene la posibilidad de desocultamiento de la verdad en su correspondiente tratamiento vía el mito, refiriendo así que la verdad tiene estructura de ficción.

El segundo momento se encuentra determinado por la relación entre la verdad y el saber. Aquí será trascendental que recorramos los Escritos “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano” (Lacan, 1966 [2008]) y “La ciencia y la verdad” (Lacan, 1966 [2008]) además de aquellos pasajes de los seminarios donde Lacan condensa los puntos de interrogación de la frontera entre la verdad y el saber.

Precisamente en esa frontera Lacan ubicará al goce. Esta intervención del goce entre el saber y la verdad permite avizorar un nuevo mojón teórico que situamos con claridad a partir del Seminario 16.

Si la verdad entonces habita en las entrañas del psicoanálisis, pues escuchemos qué tiene para decir en cuanto a la discontinuidad neurosis-psicosis.

EL INCONSCIENTE DE FREUD Y DE LACAN ANTE LAS NEUROCIENCIAS ACTUALES.
UNA ELUCIDACIÓN ACERCA DE LA POSICIÓN DE ENUNCIACIÓN DE FREUD.

Marco Balzarini

Es impresionante ver la expansión de las neurociencias. En la mayoría de los diarios del mundo se verifican noticias que revelan descubrimientos nuevos sobre la percepción, la memoria, el miedo en sus relaciones con el cerebro. Han desarrollado todos los lazos significantes, tanto que nuestra época se ha visto revolucionada por este avance de la ciencia, cuyo resultado es un esfuerzo incesante por dar explicaciones sobre la experiencia humana.

Esta revolución, señala Éric Laurent (2014a), ha presentado un nuevo estatuto de amo preocupado por las mediciones. En ella el inconsciente freudiano, concepto fundamental en psicoanálisis, sufre una traducción al lenguaje de la biología. Eminentes neurocientíficos localizan lo inconsciente en el cerebro y la tan ansiada base biológica de la singularidad. Afirman que los conceptos psicoanalíticos pueden ser explicados con rigurosidad neurocientífica, concluyendo que entre neurociencias y psicoanálisis hay relación de pareja.

Desde Darwin lo humano se ha leído desde la biología. Hemos recibido esa herencia. Hoy, la neurobiología intenta demostrar en gran cantidad de casos la influencia determinante de bases químicas en el fenómeno psíquico. Esto produce una acumulación de estadísticas, en torno a enfermedades inventadas y comprobadas por su propio método, que se corresponde con el aumento de credibilidad, por la evidencia química con la que se asocian (Balzarini, 2019b). No es novedoso que una disciplina tenga credibilidad si soporta el rigor científico de la demostración empírica. Lo llamativo es que parece encantar a algunos psicoanalistas que se incluyen dentro de ese conjunto (Lombardi, 2001).

Así, las neurociencias actuales no vacilan en explicar el inconsciente en el terreno de las neuronas, proyecto que los lleva a postular la biología del inconsciente con citas de Freud. Han expandido la ilusión de que podemos dominar nuestro cuerpo y han abarcado el campo que Freud precisó. Se trata de una manera científica de arribar psicoanalíticamente al inconsciente de cada sujeto. “En vez de simplemente recurrir a las cantidades grandes, se hará la descripción de la actividad cerebral de un sujeto” (Miller, 2015, p. 145).

La hipótesis de esta tesis es que la combinación neurociencias y psicoanálisis daría como resultado el rechazo de lo inconsciente, lo cual es distinto a la pretensión de demostrarlo, que dicho sea de paso, su demostración fue realizada por Freud (2012b), quien decía que la postulación del inconsciente es necesaria, por su existencia clínica observada en las formaciones del inconsciente, y legítima, porque hay un método adecuado para conocerlo. Pero, parece que no alcanza con esto. Las neurociencias quieren demostrar que lo inconsciente, además de necesario y legítimo, es científico. Si eso se demuestra, es decir si las neurociencias pudiesen finalmente darnos las certezas faltantes, se rechazaría el concepto que Freud precisó.

Las consecuencias clínicas e institucionales de este rechazo se sentirán. Si la combinación fuera cierta, se tendría que modificar la formación psicoanalítica, que debería ser reabsorbida por la Universidad al pasar por la ciencia; habría que modificar la práctica, que debería abrirse a evaluaciones cuantitativas, ser dirigida por la conciencia y centrarse en la reprogramación de emociones vía el entrenamiento de procedimientos mentales. Todo lo cual supone, pues, que habría que modificar la institución psicoanalítica que Freud fundó.

Freud, por el contrario, supo ver entre las grietas que produce el ejercicio del poder científico sobre la sexualidad. Esto es un clásico y, como tal, tiene toda su vigencia. La pandemia ha dejado demostrado que la ciencia no ha transmitido otra cosa que incertidumbre. Si los grandes saberes de la época pasada habían caído ya, si la autoridad que antes guiaba había caído ya, ahora se revela que esos saberes estaban, desde siempre, agujereados.

Es cierto que el psicoanálisis nació bajo los postulados de la ciencia del sistema neuronal (de ahí el término neurosis), pero eso no solo no alcanzó a los fenómenos clínicos, sino que  la posición de enunciación de Freud es cuestionar y subvertir la explicación cerebral del inconsciente, y esta es la segunda hipótesis que vamos a demostrar. Y no será una especulación. Se va a demostrar con el texto de grandes científicos para poner a prueba su precisión de lectura sobre la letra del maestro. Si la hipótesis de desvío se comprueba, se reafirma el inconsciente como campo de trabajo por fuera de las neurociencias.

No se trata de una discusión o crítica entre doctrinas. Tampoco de una declaración de principios rectores. El objetivo es analizar las consecuencias lógicas que tienen las investigaciones científicas que designan a Freud como neurobioquímico, y analizar la legitimidad psicoanalítica de las justificaciones que sostienen la combinación entre inconsciente y cerebro.

Para comprobar las hipótesis se seguirá una lectura atenta de lo inconsciente que no puede eludir el aporte de Lacan, un lector sutil de Freud. Contando con ello, se estará en condiciones de verificar si las posturas psicoanalíticas que tienen estos eminentes neurocientíficos denotan una lectura equivocada, y entonces decantará la posibilidad de dialogar o no, trazar puentes o no, o qué tipo de conexiones se puedan pensar.

EN LOS MÁRGENES DEL LENGUAJE.
LECTURAS PSICOANALÍTICAS SOBRE EL AUTISMO INFANTIL

María Eugenia Bellone Cecchin

El autismo infantil, surgido del campo paidopsiquiatrico de mitad de siglo XX implicó una descripción muy precisa que dio consistencia a aquel naciente campo. Muchos psicoanalistas -y psiquiatras- se interesaron por aquel hallazgo y lo incorporaron en su clínica y sus teorizaciones.

Al interior del psicoanálisis posfreudiano, y especialmente en los años que siguieron a la segunda guerra mundial, se fueron realizando diferentes lecturas sobre el autismo infantil, tomando el psicoanálisis un lugar preponderante en la clínica con niños que tenían este diagnóstico.

Por esa misma época, en Francia, Jacques Lacan consideraba urgente restituir al psicoanálisis la heurística freudiana, marcando el inicio de lo que luego llamaría su enseñanza. Tal como señalan algunos autores, es posible separar la producción de Lacan en tres grandes períodos (Laurent, 1995; Miller, 2000; Milner, 2003). Para la presente tesis se hará énfasis en la última enseñanza, la cual torna posible dilucidar el autismo partiendo de la lengua y la lingüistería, abriendo márgenes en el lenguaje para acoger a lalangue.

Será necesario retomar un señalamiento original de Lacan, desarrollos conceptuales actuales y consideraciones clínicas y éticas, para ahondar en -como la define Manzotti (S/f)- la clínica de los trastornos de la subjetivación.

PALABRAS CLAVE: autismo infantil – psicoanálisis lacaniano – lalangue

EL IMPERATIVO CAPITALISTA: FANTASMA SADIANO Y PSEUDODISCURSO

David González

Esta tesis toma la fórmula del pseudodiscurso capitalista escrita por Lacan (1972) y ubica allí el matema del fantasma sadiano (Lacan, 1963 [2008]). Esta lectura es una operación de la que es necesario extraer sus consecuencias.

Para abordarla, mediante las metodologías de revisión bibliográfica y de investigación conceptual, se desarrolla el concepto de fantasías y fantasma tanto en Freud como en Lacan, prestando particular atención a lo concerniente al fantasma sadiano. Por otro lado, de lo que se ha dado en llamar el segundo momento de la enseñanza de Lacan (Miller, 1999), particularmente de su teorización sobre los discursos, se extrae lo relativo al capitalismo y se lo enriquece con aportes de diferentes autores de la historia, la economía, el arte, la filosofía y por supuesto, el psicoanálisis.

Finalmente, se despliegan las consecuencias de dicha conjunción como clave de interpretación de la subjetividad de la época, en la que el imperativo capitalista es sostenido por el fantasma sadiano.

PSICOANÁLISIS Y ARTE, DOS MODOS DE ABORDAR EL TROUMATISMO

Carolina Herrera

El Psicoanálisis desde Freud en la construcción de su teoría viene de la mano del trauma y la sexualidad (1890, 1895, 1896).

El trauma en Freud atraviesa un recorrido que lo conduce al autor hacia los lugares más oscuros y relevantes de su producción, como la pulsión de muerte (1979-1920). Lacan, en el Seminario 7, La ética del psicoanálisis, (1959-60 [2013]), vuelve al ello de Freud justamente cuando se produce un franqueamiento en su teoría hacia el inconsciente y la pulsión de muerte. Parte del das Ding freudiano, para llegar a referirse al Otro en exclusión interna, introduciendo así un nuevo término la extimidad. Esto sería la exterioridad íntima, lo cual busca explicitar que hay algo del orden de un agujero en lo más íntimo del sí mismo. El arte ocupa un lugar fundamental en este desarrollo como un modo de mostrar lo real del goce. La satisfacción estaría en que el arte logra elevar el objeto a la dignidad de la Cosa, así el principio de placer llega a tocar la Cosa, se trata de una satisfacción de orden homeostático y ligado a lo simbólico.

Más adelante, a la altura del Seminario 20, “Aun” (1972-73), ocurre un cambio de perspectiva. Lacan presenta la Otra satisfacción, que se sostiene en el lenguaje y que también la llama goce. A partir de este momento pone de relieve en tanto goce la satisfacción ligada al significante y muestra también que el goce está ligado al cuerpo. Miller en El partenaire-síntoma (2016), nos presenta este pasaje y destaca que en esta perspectiva se pone en cuestión el sujeto, el S que nos representa precisamente la mortificación del sujeto por el significante y de allí se concibe como falta en ser, requiere un forzamiento que nos llevaría a completarlo con el cuerpo, en tanto cuerpo de goce. Es así que Lacan comienza a hablar de parlêtre, de ser hablante, como una categoría que sustituye a la de sujeto. A partir de aquí sucede que mientras a nivel de la palabra hay una relación significante, a nivel sexual no la hay. Este sintagma, no hay relación sexual, viene a nombrar lo imposible y a situar el lugar donde se produce troumatismo (troumaagujero). El sitio del trauma señala el agujero en el Otro.

La orientación entonces será el sin sentido, allí donde está el agujero no hay palabras. La topología del agujero, ocupará gran parte de la última enseñanza de Jacques Lacan. Particularmente en el Seminario El Sinthome (1975-76), en una serie de nudos anudados y reanudados tratará de ofrecernos a modo de trouma, una nueva escritura.

Hay una nueva escritura para el sinthoma. Se trata de ese hablar de lo real que surge de lo singular y no de lo universal. Desde esta perspectiva el síntoma es un modo de gozar del inconsciente; al decir de Miller (2016), el síntoma designa exactamente aquello con lo que hay que vivir. Así, el final de análisis sería un cierto “hacer con eso” (p. 409).

En esta orientación por lo real, ubicamos el concepto de troumatismo como un eje fundamental en la producción de la teoría psicoanalítica lacaniana. Este trabajo, pretende continuar el desarrollo del concepto de troumatismo, tomando la obra de arte visual contemporánea como modelo. Para ello nos acercamos hacia el mundo del arte contemporáneo que nos pone a dialogar con el discurso de la historia del arte.

En esta intención encuentro la obra de una artista cordobesa, Sol Halabi, una exponente del arte, que intenta mostrar eso que no se puede decir, en su lenguaje de artista. Surge entonces, la necesidad de determinar cómo el psicoanálisis, podría servirse del arte como modelo para mostrar aquello que no se puede decir, y de esta manera contribuir al desarrollo del concepto de troumatismo en el psicoanálisis lacaniano.

SEGREGACIÓN Y TOXICOMANÍA EN LA ÉPOCA DE ADICCIÓN GENERALIZADA

María Pía Marchese

Esta tesis indaga las características de la época actual y su incidencia en los fenómenos de segregación, tomando específicamente la segregación del toxicómano, ya que el mismo se postula aquí como paradigma del sujeto contemporáneo. El toxicómano responde al modelo de goce ofrecido por la época: el consumidor, caracterizándose por su autosegregación del lazo social en privilegio del goce autoerótico de la sustancia; siendo también, por este hecho, segregado, en un doble proceso.

Los objetos ofrecidos por el mercado, que procuran un consumo metonímico e imparable, promueven un goce autista en detrimento de lo que posibilita el lazo social. Así mismo, en el discurso de la civilización actual se pretende un goce para todos igual, universalizable, lo que conlleva, paradójicamente, segregaciones renovadas. Por lo tanto, la segregación y la toxicomanía- ambos fenómenos- serán abordados a la luz de la especificidad de una época caracterizada por la adicción generalizada, de lo cual extraeremos algunos de sus alcances y consecuencias.

SOBRE LAS HISTERIAS ACTUALES Y EL DEVENIR DEL FALO

Silvia Perassi

La histeria es para el psicoanálisis una de las respuestas que da un ser hablante al encuentro con algún signo del campo sexual, campo compuesto de pulsiones siempre parciales. Decimos que la sexualidad humana no se organiza en estadios que evolucionan hacia un desarrollo completo sino que irrumpe en encuentros contingentes, excesivos o faltos, es decir que su estatuto es de trauma. Cuerpo y discurso forman parte de ese efecto de trauma de lo sexual. En ese sentido afirmamos que el ser hablante no dispone de instinto sexual para orientarse. Lo hace valiéndose del goce singular que experimenta en los encuentros con el deseo, la demanda, con lo que proviene de su cuerpo o de otros.

Así como la histeria es un diagnóstico que procede de la psiquiatría clásica y forma parte del cuerpo teórico del psicoanálisis, queremos interrogarnos sobre cuál es su vigencia dado que esta categoría diagnóstica, antes contenida en los manuales de la perspectiva psiquiátrica, ya no forma parte del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales IV (D.S.M. IV) de la American Psychiatric Association, el cual es usado desde hace varios años por los diferentes agentes de Salud Mental. Revisando las distintas ediciones de este manual puede recorrerse cómo la pregnancia del nominalismo fue introduciendo una enumeración extensa de fenómenos de la conducta –medicalizables en su mayoría– y desaparecieron categorías estructurales y clásicas como histeria, neurosis obsesiva o psicosis. La histeria fue fragmentada en: trastorno histriónico, trastornos del estado de ánimo, trastorno facticio, trastornos disociativos, trastornos sexuales, etc.

¿Significaría eso que es su fin?

Al contrario, del lado del psicoanálisis, la categoría de histeria y el concepto de falo son dos referencias que Lacan usa hasta el final de su enseñanza, al tiempo que vamos leyendo cómo los reconfigura. En el presente no prescindimos de estos conceptos a la hora de precisar una práctica. Mientras constatamos un devenir del falo que tiene mala prensa en lo social y razones no faltan cuando se lo homologa a efectos de dominio y poder, cuando queda asociado a los efectos más negativos de lo que se llama régimen patriarcal. Por eso y por lo que decíamos en el párrafo anterior sobre la histeria, nos preguntarnos qué utilidad tienen estas categorías en la época actual, qué elementos de estos conceptos vamos a conservar y cuáles precisan ser renovados. De alguna manera, los pondremos en el banquillo para enterarnos si resisten las nuevas formas de la vida actual.

En términos generales la histeria sería una estructura y también un discurso que se interroga por lo femenino a través de una pregunta que ha pasado a la literatura psicoanalítica como ¿qué quiere una mujer? Decimos que la histeria se caracteriza por mantener el deseo insatisfecho y poner en falta al Otro, lo cual incluye poner en falta al amo de turno, revelar sus inconsistencias o contradicciones. Por su parte, el falo sería un operador que introduce un marco o un límite sobre un campo ligado al universo de lo pulsional que con Lacan llamamos goce y que no tiene orden alguno. El falo como operador es en un principio un residuo de lo que designamos Metáfora Paterna, y que explicaremos más adelante. Gracias a él, el campo pulsional se organiza, se unifica y adquiere representaciones simbólicas. Por eso decimos que el falo produce efectos de significación.

Ahora bien, estos dos referentes, falo e histeria, van teniendo ciertas transformaciones por lo cual luego de precisar cómo entendió Sigmund Freud histeria y falo, recorreremos el desarrollo que hizo Jacques Lacan. En una breve reseña podríamos situar que para Lacan la histeria es una modalidad clínica de la neurosis (1956), pero también más adelante es considerada como un discurso (1968), y cuando ingresa la topología a su enseñanza, señala que la histeria indica lo Real (1975-76). Por su lado el falo aparece al principio como significante del deseo (1958), luego como significante del goce (1960), más adelante como lo que hace obstáculo a la relación sexual (1972-73) y finalmente como verificador de lo Real (1975-76).

Al llegar a este punto de la presentación del tema de esta tesis, se vuelve necesario precisar brevemente de qué hablamos cuando decimos Real. Lo Real es –junto a lo Simbólico y lo Imaginario– una de las tres dimensiones o registros que Lacan distingue para pensar el cuerpo del ser hablante. Lo Real es lo imposible de acallar, dominar, conocer, poner bajo control, “lo que vuelve siempre al mismo lugar” (Lacan, 1968-69, p. 195); aquello que queda fuera del campo del lenguaje, lo que “no cesa de no escribirse” (Lacan, 1972-72, p. 114), es decir lo imposible. En ese sentido la categoría de lo Real está asociada al trauma irreductible que los seres hablantes experimentamos del encuentro entre el lenguaje y el cuerpo. De esto se desprende que no hay manera de que el ser hablante esté en un acuerdo completo consigo mismo respecto de cómo definirse en el campo sexual. Lacan define también a lo Real, con una frase polémica que se ha hecho bastante famosa: “no hay relación sexual”, es decir no hay forma de correspondencia, de complemento en lo sexual con un partenaire, ni el pleno acuerdo del ser hablante con el cuerpo que él tiene. Hay maneras de arreglárselas, uno por uno.

Diremos también que Lacan distingue un Real contingente que posibilitaría una escritura y del cual el lector encontrará algunos ejemplos en los capítulos en que se presentan y analizan los casos de histeria.

Justamente, los giros y desplazamientos de la histeria sugieren que algo en ella no termina de apresarse nunca, señalando o denunciando esa ausencia de la que hablamos, ese imposible. Es en este sentido que podríamos interpretar las palabras de Lacan cuando dice que seguir la histeria es dejarse “aspirar por lo real” (Lacan, 1977, p. 5). Nos proponemos entonces seguir sus huellas actuales, los desplazamientos y modos en que denuncia que no hay tal relación sexual cuando la época pareciera ya bastante desengañada de esto mismo. Qué nos aporta y nos enseña la histeria hoy.

Diremos también que la histeria puede presentarse en sujetos que hayan hecho cualquier elección sexuada, pero en el marco de esta investigación elegimos cinco casos de analizantes que se designan mujeres, es decir que en este recorrido no nos planteamos indagar la histeria masculina o en otras designaciones que propone la perspectiva de género.

Por último definiremos a qué vamos a llamar época actual en esta investigación. La época actual será considerada como un proceso que habiéndose iniciado con los complejos familiares, tiene su punto álgido con el ascenso al cenit social del objeto a y continúa hasta el presente. Jacques Lacan había anunciado en 1938 que la gran neurosis contemporánea tenía relación con la declinación de la imago paterna, al precisar los complejos familiares:

Un gran número de efectos psicológicos, sin embargo, se origina en nuestra opinión, en una declinación social de la imago paterna. Declinación condicionada por el retorno al individuo de efectos extremos del progreso social, declinación que se observa principalmente en la actualidad en las colectividades más afectadas por estos efectos: concentración económica, catástrofes políticas. (…) Cualquiera sea el futuro, esta declinación constituye una crisis psicológica. Quizás la aparición misma del psicoanálisis debe relacionarse con esta crisis. (Lacan, 1938, p. 74-75)

En 1968, Lacan es aún más contundente, y habla de la evaporación del padre:

Creo que hoy en día, el rastro, la cicatriz de la evaporación del padre, es algo que podríamos poner bajo la rúbrica y el título general de la segregación. Creemos que el universalismo, la comunicación en nuestra civilización vuelve homogéneas las relaciones entre los hombres. Por el contrario, pienso que lo que caracteriza nuestro siglo, y no podemos dejar de percibirlo, es una segregación ramificada, acentuada, que se entremezcla en todos los niveles y multiplica cada vez más las barreras. (Lacan, 1968, p. 9)

Más adelante, en 1970, Lacan se refiere a la primacía de los objetos en el orden que comanda el discurso social:

Bastaría el ascenso al cenit social del objeto llamado por mí a minúscula, por el efecto de angustia que provoca el vaciamiento a partir del cual nuestro discurso lo produce, al fallar su producción. (…) porque, cuando ya no se sabe a qué santo encomendarse (dicho de otra manera: ya no hay significante que freír, es lo que el santo provee), se compra cualquier cosa, un coche en particular, con el que hacer signo de inteligencia, si se puede decir, de su aburrimiento, es decir del afecto del deseo de Otra-cosa (…) Cuando se reconozca la especie de plus-de- gozar que hace decir “eso es alguien”, se estará en la vía de una materia dialéctica. (Lacan, 1970, p. 436-437)

J.-A. Miller en 2004, en un Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, retoma esta frase de Lacan para referirse al discurso hipermoderno de la civilización:

Está el cenit, el punto más alto, y está el nadir, el punto más bajo, que pueden ubicarse en el cielo. (…) Esta frase de Lacan señalaba que se ha levantado un nuevo astro en el cielo social, en el socielo, y este nuevo astro socielo, si puedo decirlo así, Lacan lo había indicado con el objeto a, resultado siempre de un forzamiento, de un pasaje más allá de los límites, que Freud descubrió, a su manera, precisamente en un más allá. Elemento intensivo que vuelve perimida toda noción de medida, que va hacia lo sin medida, siguiendo un ciclo que no es el de las estaciones, sino un ciclo de renovación acelerada, de innovación frenética. Entonces, de golpe me preguntaba si el objeto a no sería, ¿cómo decirlo?, la brújula de la civilización actual. ¿Y por qué no? Tratemos de ver allí el principio del discurso hipermoderno de la civilización. (Miller, 2005, p. 10)

Este régimen en el cual los objetos fueron ocupando el lugar predominante en lo social, marca una época donde lo que está en primer plano es el goce, la satisfacción. La brújula que orienta a los sujetos actuales, lo que llamamos discurso hipermoderno, es un mandato a gozar que el mercado promueve.

De acuerdo a este breve recorrido que ampliaremos en el Capítulo III, lo que llamaremos época será el período comprendido entre la década de 1970 hasta la actualidad.

Consideramos –y eso intentaremos demostrar– que la histeria seguiría manifestando en esta época con la potencia de sus síntomas, su oposición a formar parte del universal con el que el discurso del amo quiere controlar los cuerpos o promover el goce.

Así, el cuerpo hablante de la histeria se revelaría de diferentes maneras. En algunos casos de anorexia que fabrican la “nada” como causa intentando impedir la asfixia consumista que acomete contra el deseo; o en mujeres jóvenes que decidiendo intentarlo, tienen dificultades para concebir un hijo, quizás su modo de decir “no” a una época que promueve al niño como un objeto goce, un objeto de consumo. O también podríamos captar la actualidad de la histeria en el descontrol manifiesto en el cuerpo, en la mente o en los afectos, como respuesta a las políticas de control y seguridad paradigmáticas del neohigienismo contemporáneo o de la fascinación por la imagen del cuerpo atlético, saludable y eternamente joven.

Justamente porque podríamos deducir que los Significantes Amo (S1) hoy no están localizados –como en otro tiempo, en el cual las referencias sociales eran sólidas– pero están por todas partes, multiplicados, esparcidos, debilitados, será de mucho valor situar las formas singulares en que la histeria continúa fabricando sus síntomas. Dado que una característica fundamental de la histeria es que siempre intenta barrar al Amo, y el de esta época (si bien está diversificado) en general se orienta por lógicas de mercado, entonces vale preguntarnos:

¿Cómo se las arregla la histeria para promover un lazo libidinal diferente al del discurso hipermoderno? ¿Le es posible objetar el nothing impossible de una época signada por el consumo?

El presente trabajo partirá de tres premisas del psicoanálisis de la Orientación Lacaniana en relación a la época actual que nombraremos rápidamente y desarrollaremos más adelante.

  1. La “inexistencia del Otro (que) inicia precisamente la época de los comités” (Miller y Laurent, 1996-97, p. 10) y el consecuente “ascenso al cenit social del objeto a” (Lacan, 1970, 436).
  2. Lo que llamamos con Miller “la feminización del mundo” (Miller y Laurent, 1996- 97, 107).
  3. La mutación del Significante del Falo, “ahora banalizado” (Miller, 2014, 23).

A partir de estas tres premisas desprendemos las siguientes preguntas, que se responderán a lo largo de la tesis:

  1. ¿Qué efectos sintomáticos aparecen en las histerias, cuando lo que comanda el discurso social son los objetos de goce?
  2. ¿Cómo se manifiesta la histeria en un mundo feminizado?
  3. ¿Cómo se articula la histeria a esta nueva o nuevas versiones del falo?

Ciertamente pensamos que las condiciones de la época inciden en la subjetividad y en las categorías que creamos para comprenderla; es por eso que finalmente lo que intentamos investigar es cómo el síntoma histérico se vio influido, conmovido o modificado por las configuraciones de la época que comprende el período de tiempo mencionado, es decir desde 1970 al presente. Pero también qué es lo que en esta mutación no cambia, qué es lo que no se modifica de la verdad y el real del síntoma histérico.

EL ESTATUTO DEL CUERPO EN LA ÚLTIMA ENSEÑANZA DE LACAN Y EN EL CAMPO DE LA DISCIPLINA MÉDICA

Silvina Sanmartino

El presente trabajo de investigación tiene como objeto el estudio del concepto de cuerpo en la última enseñanza de Lacan y en la disciplina médica.

El método de estudio utilizado es del tipo monográfico-historiográfico, y la verificación se lleva a cabo por medio del análisis de tres Testimonios del pase, el encuentro de lalengua con el cuerpo.

Se realiza aquí un abordaje del concepto de cuerpo en la disciplina médica a través de los cambios de paradigma que la ciencia introduce en cada época y realizando un recorrido por las escansiones de la historia de la medicina. Siguiendo ese recorrido se hace tangible el hecho de que conviven distintas perspectivas dentro de la medicina y que no acuerdan en sus fundamentos.

Desde el concepto fundamental de pulsión se analiza el concepto de cuerpo que tiene el Psicoanálisis. Esto permite ahondar en los virajes que se produjeron desde Freud hacia Lacan. Este recorrido se inicia a partir de localizar la forma en que Freud arriba a la conceptualización de pulsión y el esclarecimiento que Miller (2013c) realizó de la enseñanza de Lacan. El autor en su curso La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, aborda Los seis paradigmas del goce, en donde se localizan los giros de los conceptos de pulsión y goce.

Se estudian y abordan para tal fin tres testimonios de analistas de la Escuela de Orientación Lacaniana, que permiten cotejar la incidencia de lalengua sobre el cuerpo, con la producción de síntomas en los sujetos.

Palabras claves: Cuerpo-Psicoanálisis-Medicina-Pulsión-Goce-Lalengua

ESTUDIO SOBRE EL ESTRAGO MATERNO EN LA LITERATURA DE IRENE NEMIROVSKY Y ERNESTO SÁBATO

Ana Melisa Giner

La presente investigación consiste en un estudio sobre el estrago materno en la literatura de la novelista ucraniana Irene Nemirovsky y del escritor argentino Ernesto Sábato. Se sabe que ambos literatos tuvieron una relación de devastación con sus madres. Luego de un exhaustivo análisis, surgió a las claras que el estrago no es solo un asunto de mujeres, los varones también tienen algo que decir sobre el exceso o el defecto materno. Al ser inherente al ser hablante, el estrago alcanza tanto a sujetos sexuados de modo femenino como masculino, cobrando en cada caso una dimensión singular.

Palabras claves: Estrago Materno, Deseo Materno, Irene Nemirovsky, Ernesto Sábato.

PSICOANÁLISIS Y TERAPIA COGNITIVO CONDUCTUAL. TENSIONES Y DEBATES SOBRE EL TRATAMIENTO DEL AUTISMO

Gabriel Goycolea

La presente tesis de Maestría investiga tensiones, debates e implicancias clínicas de las diferencias de tratamiento para el autismo, entre dos corpus teóricos específicos: Psicoanálisis (desde la perspectiva de la Orientación Lacaniana) y Terapia Cognitivo Conductual. Al introducirnos en esta discusión teórica, se advierte que el autismo ha irrumpido en distintas sociedades desde hace por lo menos dos siglos, inicialmente, habitando un lugar marginal y disfuncional producto de los imperativos de integración social de cada época. La ausencia de respuesta adaptativa constituye la primera característica usualmente asignada a estas personas, inclusive antes de ser nominados autistas. Una propiedad a la que se añadieron la soledad y el aislamiento, en el marco del progresivo desarrollo de diagramas sociales con definiciones unívocas entre progreso y retraso.

El estudio del autismo, responde a un complejo debate entre las TCC y el psicoanálisis, donde se localizan temas como la detección temprana del autismo, su incidencia en el desarrollo posterior, así como también, procesos terapéuticos como los impulsados por las TCC, donde las intervenciones clínicas a temprana edad se continúan con otras instancias de evaluación y tratamientos.

Desde el Psicoanálisis, parte de los cuestionamientos a la detección y valoración temprana del autismo se fundamenta en la presunta incidencia -en el sujeto y la familia- de un diagnóstico a temprana edad. Se recalca que la aplicación de protocolos estandarizados, en muchos casos sin adaptaciones al contexto cultural y social donde es aplicado, añade mayor opacidad al diagnóstico y obtura componentes singulares y contextuales. En tanto, investigadores de formación cognitivo-conductual precisan que la detección temprana no constituye un diagnóstico en sí, sino que se complementa a otros estudios, por ejemplo, evaluaciones del desarrollo, donde se llevan a cabo exámenes en mayor profundidad, intercalando datos cuantitativos y cualitativos. Claramente, ambas tesituras coinciden en la necesidad de mesura en los diagnósticos a temprana edad y la necesidad de evaluar factores contextuales y propios del desarrollo. Sin embargo, dicho consenso no es comúnmente socializado, prevaleciendo en muchas ocasiones el desacuerdo y presuntas tesituras que imponen la detección temprana o su rechazo. Estas disidencias de puntos de vista son comunes en el debate TCC y psicoanálisis, circulan generalmente en ámbitos profesionales o en comunicaciones académicas y escasamente se indaga en sus fundamentos u otros puntos de vista dentro de cada orientación teórica. Es por esto que nos preguntamos, ¿Qué incidencias tienen estas omisiones en los tratamientos?, ¿el desconocimiento y la retroalimentación de las diferencias teóricas y procedimentales responde a cuestiones clínicas, epistemológicas y políticas o de otra índole?.

Como se precisará en el capítulo 1, por largo tiempo las características como aislamiento, soledad y rechazo al contacto social -que probablemente en la actualidad estarían asociadas al autismo- fueron patrimonio de sujetos nombrados como ermitaños, deficientes mentales o incapacitados. Individuos que quedaban al margen del progreso y la alianza productiva entre fuerzas de trabajo, movilidad social y consumo. Marginalidad que pagaban siendo despojados de derechos, arrojados al destierro de actividades accesorias o recluidos en hospicios. Una realidad que alcanzaba a los autistas y que ya adelantaba un debate presente hasta el día de hoy sobre ¿qué se considera normal y qué implica la anormalidad en un ser humano?.

Desde el siglo XX a esta parte, la nominación y atributos del autismo ha recorrido un extenso camino de definiciones y tratamientos, con variaciones de acuerdo a criterios de salud y enfermedad en cada momento histórico. Producción epistémica, legitimada por comunidades científico-profesionales, convenciones internacionales sobre trastornos mentales y manuales diagnósticos, que dieron paso al diseño de nomenclaturas diagnósticas para el autismo. Una especificidad, cuyas raíces llegan hasta la vieja dicotomía normalidad-anormalidad, y que actualmente se manifiestan, en la nominación del trastorno y lo patológico, en la órbita de características conductuales; modalidades de aprendizaje y cognición.

Parte de la mencionada producción epistémica será investigada en el capítulo 2, donde se propondrá articular TCC y Psicoanálisis a partir de los siguientes interrogantes ¿en qué consisten el advenimiento del sujeto del lenguaje?, ¿qué ocurre en el autismo con el Otro del significante?, ¿qué implicancias tiene la sensorialidad en el autismo y cómo se articula al esquema o fragmentación corporal en estos sujetos?.

Las respuestas a estos interrogantes se irán dilucidando en la investigación de principios teóricos relacionados al lenguaje y la comunicación, el cuerpo y la sensorialidad; en la semántica del signo y la fenomenología psíquica autista y en los procesos de subjetivación e individuación. En TCC se examinará la construcción de una teoría del conocimiento sustentada en fuentes y observaciones que se consideran fiables, datos contrastados (variables a considerar para diseñar técnicas y procedimientos replicables). En tanto, en Psicoanálisis se investigará el advenimiento del sujeto del lenguaje desde la convergencia de huellas, cifras marcas de un viviente, hasta la instauración de una presencia signada, de un ser y un cuerpo en la lógica del signo.

La inclinación del autista por el signo, como elemento lingüístico de acceso preferencial e incorporación directa, será analizado en el capítulo 3, presentando una viñeta clínica y los abordajes de tratamiento desde las teorías estudiadas. De este modo, se investigará el signo en su trazado clínico, partiendo de las siguientes preguntas ¿qué función cumple el signo en la estructuración psíquica autista?, ¿qué incidencia tiene en las intervenciones de cada orientación de tratamiento?. Desde el psicoanálisis, se comenzará detallando la lógica del caso y las características específicas del dispositivo psicoanalítico, organizando la viñeta clínica en tres ejes centrales: Tratamiento, Transferencia y Dirección de la Cura. De un modo distinto al psicoanálisis y específico de las TCC, se abordará la viñeta desde esta corriente, a partir de las evaluaciones del desarrollo en la infancia, compuestas de una primera fase diagnóstica, continuando con la sistematización de un perfil neuropsicológico y finalmente el diseño de un plan de tratamiento. A partir de la viñeta y el material teórico estudiado, se emprenderá una lectura crítica situando diferencias y posibles puntos de diálogo entre ambas orientaciones teóricas. Por ejemplo, en TCC se explorará la continuidad procedimental entre la fase diagnóstica, la detección temprana, las evaluaciones del desarrollo, la aplicación de pruebas neuropsicológicas y el posterior tratamiento psicológico. Un encadenamiento procedimental que, según puntualizan los autores estudiados en TCC, se hace necesario para contar con un panorama -lo más claro posible- de factores deficitarios y fortalezas en el paciente. En el dispositivo psicoanalítico, a diferencia de las fases en TCC, si bien existen teorías que detallan características y modos de funcionamiento del autismo, dicha información no necesariamente se materializa en diagnósticos, seguidos de evaluaciones y aplicación de protocolos. Una diferencia que será fundamentada, por ejemplo, desde la concepción del sujeto autista para el psicoanálisis y el lugar del analista en la transferencia. A partir de estos y otros elementos investigados, se distinguirá la utilización de la valoración temprana al servicio de determinar factores comportamentales y cognición en TCC, de la observación y diagnosis clínica sobre rasgos singulares y elementos contextuales/ambientales, en la teoría psicoanalítica.

De manera inequívoca, el signo se posiciona como un elemento central en el estudio del autismo, en sus postulados teóricos y en los dispositivos de tratamiento. Sin embargo, el signo conlleva un abordaje multidimensional donde es necesario incorporar la definición de espectro autista presente en el manual DSM V para comprender su real alcance en la diagnosis clínica, la detección temprana o las propiedades específicas de los abordajes clínico-terapéuticos. Dicha continuidad y complejización teórico-clínica será investigada en el capítulo 4, mediante la profundización en postulados psicoanalíticos sobre Estructura Autista y las definiciones y taxonomías sobre Espectro Autista, descritas en el DSM V y utilizadas en las TCC. Asimismo, se indagará la incidencia del signo y los sistemas sensoriales en el diseño de tratamientos para el autismo, estudiando su incorporación en metodologías terapéuticas de las TCC para el desarrollo del lenguaje y la comunicación. Además, se profundizará en las consideraciones psicoanalíticas sobre la relación singular y articulación diferencial del autista al lenguaje, los significantes y el signo y sus consecuencias en los tratamientos. En estas distintas maneras de concebir el lenguaje y la comunicación en el autismo, se intentarán dilucidar las principales características de cada tratamiento, pero también, las posibles concordancias, por ejemplo, en la incorporación del signo al tratamiento del autismo.

La trazabilidad de los ejes analíticos del capítulo 4 sobre singularidad y universalidad, espectro autista y estructura autista, o las tensiones y debates entre Psicoanálisis, TCC y tesituras de manuales como el DSM V constituirán la antesala de una serie de controversias a escala global sobre el o los tratamientos para el autismo, las diferencias teóricas y procedimentales entre ambas teorías y sus efectos en los tratamientos y vida de los autistas, como también, el rol que ocupan los manuales y protocolos ante la falta de acuerdo y consensos entre las orientaciones teóricas y tratamientos para el autismo.

Como se verá en el capítulo 4, el debate entre TCC y Psicoanálisis lejos está de ser zanjado y parte de las discusiones actuales giran en torno a procesos de validación de cada teoría y regulaciones políticas sobre su aplicación en distintos países. Estas discusiones -que podríamos incluir en debates sobre procesos de validación o en la presunta imposibilidad de establecer estándares generales de tratamiento- se trasladan a su vez al plano político, donde asociaciones profesionales o sectores políticos, que dirimen legislaciones en materia de Salud Mental y discapacidad, han pretendido establecer regulaciones en los tratamientos para el autismo, con peligrosos avances sobre los derechos de estas personas, como en lo que refiere a la libertad de elección teórica y procedimental de cada profesional de la salud. Bajo el argumento de la evidencia, la adecuación a estándares científicos o la complementariedad con manuales psicoestadísticos como el DSM V, en algunos países se ha pretendido instaurar a las TCC, como la única orientación teórico-clínica para el tratamiento del autismo. Estas políticas, impulsadas en estados como Argentina, Brasil, España y Francia, llaman la atención por la vehemencia de sus argumentos y el recurso a la ciencia como un páramo incuestionable desde el cual sustentar afirmaciones e ideas de todo tipo. Ante esta compleja realidad que será investigada en profundidad en el capítulo 5, nos preguntamos, ¿cómo es posible que en instancias legislativas se recurra cada vez más al apelativo de la adecuación o no a cánones científicos para legitimar un tratamiento u otro?, ¿de qué manera se hicieron prevalentes la presentación de resultados científicos al modo de realidades incuestionables?, ¿cómo se pueden sostener debates políticos basados en la omisión o el desconocimiento de procesos de construcción del conocimiento científico, crisis o cambios de paradigma?, ¿En qué medida la ciencia, al igual que la religión, se convierten en apelativos predilectos de actores sociales y políticos para sustentar creencias y omitir controversias al interior de estos discursos?.

En un contexto globalizado, las tensiones y debates sobre los tratamientos del autismo, propician éstos y otros interrogantes en proyectos de resolución o legislaciones, que pretenden dirimir cuestiones sanitarias, desde posiciones sesgadas, o no, considerando el amplio abanico de variables implicadas al momento de referirse a tratamientos para el autismo. Parte de estos complejos debates, serán analizados mediante el estudio de normativas y resoluciones en los países mencionados, así como también, en leyes marco de entidades como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y declaraciones de asociaciones no gubernamentales y familias de personas con autismo. En la interrelación de los antecedentes teóricos, las acciones políticas y el rol de entidades y los autistas, se buscará esclarecer el complejo escenario epistémico, clínico y político bajo el cual los tratamientos y legislaciones para el autismo pretenden ser regulados. Un complejo entramado, de discusiones coyunturales entre TCC y Psicoanálisis, que ha trascendido el ámbito clínico y que actualmente es parte de debates políticos, donde los derechos y libertades de personas autistas y profesionales, son puestos en discusión e inclusive cuestionados.

A partir de los ejes nodales Epistemología, Clínica y Política desarrollados en cada capítulo, el presente trabajo de tesis tendrá por objetivo, dilucidar las diferencias de tratamiento entre las TCC y el psicoanálisis y las implicancias clínicas de factores comunes a ambos corpus teóricos como el lenguaje, el signo y la comunicación en el autismo. Desde las diferencias y puntos de articulación se procurará esclarecer sesgos epistémicos y clínicos respecto a la complejidad teórica y procedimental de cada teoría, tanto como los efectos de estas tensiones en la dimensión política y en los debates actuales sobre el autismo.

EL ESTATUS DEL AMOR COMO SUPLENCIA DE LA NO RELACIÓN SEXUAL EN LA ÉPOCA CAPITALISTA ACTUAL

José Mercado

La presente tesis tiene como objetivo abordar el estatus del amor como suplencia de la no relación sexual en la época capitalista actual. En primer lugar, se realiza un recorrido bibliográfico desde Freud y sus condiciones de amor, para luego continuar con los planteos de Lacan culminando en su gran premisa “No hay relación sexual” que marca su última enseñanza. La inexistencia de relación sexual entre los sujetos nos indica que todo lazo amoroso con el otro no se presenta de forma armónica, al contrario, hombres y mujeres tienen su propia modalidad de goce que deberán acoplarse para que el vínculo funcione. La no relación sexual se le presenta al sujeto como un real inabordable, y el amor, justamente, seria aquello que permite suplir esa carencia estructural. Luego de este recorrido, resulta pertinente aproximarnos a las características de la época actual determinadas por el pseudodiscurso capitalista. Es importante centrarnos en este aspecto ya que se presenta como un elemento que contrarresta al amor en tanto acontecimiento, rechazando la castración y estableciendo como objetivo primordial la satisfacción de un goce irrefrenable en el sujeto. Por último, finalizaremos con una articulación del desarrollo teórico con la lectura analítica de diferentes series televisivas que nos ayudará a comprender algunas consecuencias del pseudodiscurso capitalista en el lazo amoroso actual.

Palabras claves: Amor – No relación sexual – Suplencia – Pseudodiscurso capitalista – Series televisivas.

ABORDAJE DEL PSICOANÁLISIS LACANIANO SOBRE LAS REPRESENTACIONES DEL NIÑO Y LA FAMILIA EN LA LITERATURA INFANTO JUVENIL ARGENTINA DE LA ÉPOCA

Fabiana Paolini

Esta investigación sobre las representaciones del niño y la familia en la Literatura infanto juvenil Argentina de la época se desarrolla a partir del constructo teórico del psicoanálisis lacaniano. Por representación se entiende el modo de presentar, de decir, de describir a un sujeto niño y la familia, en relación a lugares, posiciones y funciones en la lectura de la palabra escrita de los textos seleccionados de la LIJ argentina.

El particular recorte de los conceptos de ominoso y éxtimo permite poner en juego lo que es más íntimo y que se muestra ajeno y exterior en la idea de un sujeto niño, y de lo familiar; se articulan para ello lecturas con Freud, Lacan, Miller, Laurent y otros.

El método de investigación utilizado es cualitativo y descriptivo. Mediante el análisis de contenido se construyen categorías y dimensiones de análisis para la lectura de los textos. Ello permite explorar cómo se presenta el niño y la familia en la actualidad, las formas de subjetivación, maneras de encuentro con el deseo y el goce, la idea de parentalidad y modos de hacer lazos. Conceptos que permiten trabajar la clínica y pensar que desde lo más íntimo del psicoanálisis, el inconsciente, el deseo y el goce, se presentan siempre como éxtimo al sujeto en el dispositivo analítico.

Palabras claves: Niño – familia – psicoanálisis – literatura infantojuvenil – ominoso – éxtimo