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El deseo a la letra

Revista Registros. Tomo Azul

MICAELA PARICI

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El Tomo Azul de la Revista Registros (2018) nos ofrece un recorrido por la noción lacaniana que le dará nombre: Deseo. Hacer un comentario de esta revista, siempre asociada a la actualidad de la clínica y proponiendo un entrecruzamiento de lo psicoanalítico con el arte, la cultura y lo social, implica un intento de transmisión del deseo mismo… ¡tarea nada sencilla!

Desde el deseo y su relación con los objetos de consumo, a aquel que se pone en juego ―o no― en un encuentro sexual y apela a la ciencia como solución; pasando por la noción de deseo del analista y su importancia en la dirección de la cura y el modo en que eso se fue configurando de manera diferente a partir del Pase para cada analista; la Revista Registros desarma a la manera de un artesano este concepto lacaniano fundamental, en una época en la que del deseo nadie quiere saber. Ha sido ese, tal vez, el signo que propulsó este tomo de la revista: lo que la clínica nos enseña acerca de los sujetos que “quieren querer”, el modo en que la ciencia y el mercado ofrecen las más diversas formas de taponar el vacío necesario para que se configure un deseo, y el desafío al lugar del analista frente a esa deflación.

Desde la perlita inicial que nos regala Jacques-Alain Miller acerca del deseo del analista como la contraparte de la indiferencia, que se sirve de ésta para que el sujeto encuentre el valor que ubicará en esa x; a los textos en los que la noción de deseo es leída con el estilo singular de cada analista entrevistado; aquí se plantea un sinfín de novedosas definiciones y usos clínicos del deseo.

“Es que hay que interpretar el deseo, llegar a leer algo del deseo escondido tras la demanda, y a su vez, tener en cuenta tanto el supuesto saber operar, como también el valor de la pendiente de las palabras”, nos dice Florencia Dassen (2018, p. 9) en una entrevista acerca del deseo del analista que recorre ese concepto anudándolo al Pase. Ella nos hablará de la buena distancia del síntoma de cada analista, y de la experiencia del fin de análisis como la posibilidad de un pasaje respecto del modo de decir sobre uno mismo. El deseo del analista se encuentra, al decir de Florencia Dassen, en “lo más propio de aquello que nos apasiona respecto del psicoanálisis, cuando lo situamos en relación al propio rasgo y cuando lo podemos poner a cuenta del propio recorrido” (Dassen, 2018, p. 11). 

Fabián Naparstek (2018) se sirve de la clínica para definir el deseo como “la horma que a uno lo orienta. (…) El deseo hace que uno sepa lo que va a buscar” (p. 17). Hará referencia también al deseo del analista, aquel del que cada uno debe advertirse por estar sostenido en el fantasma: “Analista es aquel que puede soportar correrse de su propio fantasma y encarnar el objeto para el fantasma de cada analizante” (pp. 18-19). Y nos brinda, siguiendo a Lacan, una indicación clínica muy enseñante: ir hacia la localización del deseo: “(…) para poder abordar algo, necesitamos partir de algún lugar” (p. 18). 

Atravesando fotografías de las películas escogidas en torno al deseo, como Ese oscuro objeto del deseo (Buñuel, 1977), Ojos bien cerrados (Kubrick, 1999) y La dolce vita (Fellini, 1960); nos encontramos con una imperdible entrevista a Oscar Zack sobre los objetos del deseo. “Lo que hoy encontramos es una manifestación masiva, una oferta desmedida de objetos que se presentan como plausibles de satisfacer un deseo” (Zack, 2018, p. 25). Nos habla allí de los objetos del mercado, del “engaño publicitario” que estos ofrecen como forma de suturar con esa satisfacción, la división subjetiva. Y asocia la falta en ser a la que un sujeto deberá consentir en un lazo, al amor; de este modo nos presenta una relación entre deseo y amor, sumamente interesante.

“Cuando me invitan a presentar mis testimonios sé que no soy tan apreciado por mis concepciones teóricas, sino más bien por la transmisión de un deseo. Debe haber algo en mi modo de hablar, quizás en mi enunciación que transmite el deseo por el psicoanálisis” nos dirá Bruno de Halleux (2018, p. 32), en una entrevista que permite la lectura del estatuto de su deseo a lo largo del propio análisis. Y por su parte, Oscar Ventura, hablará de los cambios que pudo notar a lo largo de su recorrido analítico en relación con el deseo del analista, desde su lugar de AE: “Se produce algo que alivia mi práctica y habilita el poder ocupar el lugar de analista como objeto en sus dos vertientes: como causa de deseo y también para poder ser arrojado a la basura, consentir a dejarse usar” (Ventura, 2018, p. 59).

Otras secciones que la revista nos ofrece, intercaladas entre fotografías exquisitamente seleccionadas, proponen la conversación con diversos analistas que permiten escuchar en las Secciones 2 x 10 (dos preguntas, diez responden) y 10 x 2 (diez preguntas, dos responden), como en las 10 líneas y la Mesa Redonda titulada “Actualidad Clínica del deseo”; lo que acerca del deseo en la época el psicoanálisis puede transmitir. Tomo algunas de ellas:

“Encuentro a los pacientes desbrujulados en relación a cómo ponerle el cuerpo a eso que les ocurre, qué hacer, por ejemplo, frente a este gusto que sienten por un chico y una chica” (Slatopolsky, 2018, p. 40).

“Respecto del deseo del analista, lo que pienso y cómo me oriento, es apostar siempre a la máxima singularidad. Eso es más allá de la época, más allá de las estructuras, inclusive” (Valcarce, 2018, p. 42).

“El deseo en la actualidad está asociado, de manera inmediata, a una práctica de goce” (Galante, 2018, p. 122).

“El deseo que se pone en juego en el autismo está encarnado por todas aquellas “otras voces” que respetan su singularidad, sus invenciones, y buscan entablar un lazo sutil para aproximarse al sujeto sin intrusión” (Tendlarz, 2018, p. 120).

Finalmente, dos detalles que me interesa destacar y que entiendo nos muestran un contrapunto: el imperdible texto de Éric Laurent “El deseo del analista es nuestra ética”, en el que establece la diferencia fundamental de la práctica psicoanalítica en el hecho de dar testimonio de una clínica inseparable del deseo y la transferencia, afirmando que es allí que radica nuestra ética. Una entrevista muy enseñante acerca de la política del psicoanálisis anudada a la clínica. Y por otro lado, y en un sentido que podría decirse opuesto a lo que Laurent transmite, una entrevista al Director Médico y al Gerente Gral. del Boston Medical Group que nos describen, desde una particular enunciación, la oferta de la ciencia: la de la pura satisfacción “(…) devolver la plenitud sexual a un hombre, es devolverle la plenitud de su vida”. Frente al “más” de goce que la ciencia nos propone, el deseo se presenta como la respuesta del psicoanálisis. 

La Revista Registros invita, a la altura de la época, a empaparnos acerca de lo que se define como deseo hoy. Lo que la clínica nos enseña y lo que para cada sujeto se configura, si es eso posible, como un deseo; y, frente a ello, la sutil escucha del psicoanálisis: aquella que apunta desde el inicio de una cura a que cada uno pueda aislar la causa de su deseo en su singularidad.

Sin dudas, ¡una lectura que despierta!

Referencias

  • Revista Registros (2018). “Deseo”. Tomo Azul. Año 14. Buenos Aires: Talleres gráficos Ricardi.