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Causa y Consentimiento

DEBORAH LAZZERI

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Los acontecimientos y las coordenadas en las que se desarrolló este curso de Jacques-Alain Miller, entre los años 1987 y 1988, lo ubican siete años después del fallecimiento de Lacan y  cuatro años  antes de la fundación de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

En febrero de 1979 Jacques Lacan creó la Fundación del Campo Freudiano, la cual es el espacio y el antecedente desde donde surgieron y se constituyeron siete Escuelas del Campo Freudiano.

Este curso se realiza en un momento en que Jacques-Alain Miller trabaja intensamente y se propone comunicar el movimiento de reflexión en presente, un esfuerzo que se produce cada vez, sin saberes acabados. Lo guía lo que se le resiste y lo difícil es su inclinación, “me remito no a lo que sé sino a lo que en verdad ignoro” y nos declara su posición: “Llego ante ustedes como aquel que no sabe” (Miller, 1987-1988 [2019], p. 9).

Se siente urgido, en retraso, en mora, en deuda, respecto de lo que tiene que saber: “Yo estaba en mora, no me daba cuenta porque creía estar en mi morada, sólo estaba demorado” (Miller, 1987-1988 [2019], p. 11).

Jacques-Alain Miller enlaza a la causa un deseo decidido, animado, sostenido por su transferencia a Lacan. Es difícil enseñar en posición de analizante, “me suponen un saber” (y)  “supongo ese saber en Lacan y a través de él en Freud” (Miller, 1987-1988 [2019], p. 11). Este es un esfuerzo paso a paso por interrogar de manera minuciosa la noción de “causa” en la teoría psicoanalítica.

Con su estilo riguroso y envolvente desmenuza la estructura de la enseñanza  de Lacan y en cierto modo llega a desintegrarla. Por momentos, coloca a Lacan en atraso con respecto a Freud para mostrar, finalmente y de una manera contundente, que la enseñanza de Lacan se despliega en discontinuidad con respecto a sí misma. Este compás implica esforzarse en entender ciertos conceptos y a su vez, abocarnos al desmembramiento de esa lógica a partir de la lectura. Así, Miller, para seguirlo, nos obligará a poner de nuestra parte.

Retomará a lo largo del curso fundamentalmente cuatro textos de los Escritos 1 de Lacan: Acerca de la causalidad psíquica del 28 de septiembre de 1946, Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis o Informe del Congreso de Roma de 1953, La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud de 1957 y de los Escritos 2, La ciencia y la verdad de 1966. Su vasto conocimiento de la obra de Lacan le permite ubicar con precisión el origen y el desprendimiento del psicoanálisis a partir del discurso de la ciencia, utilizando reseñas de sus escritos y seminarios, como también sus rigurosas referencias filosóficas.

Su lectura nos ilumina y, diferenciando el psicoanálisis del discurso de la ciencia, resalta con firmeza la idea de que el psicoanálisis no exime al sujeto de su responsabilidad y lo coloca frente a la asunción de su causa, así como frente al consentimiento, tanto en el lugar del analista como en el del analizante.

Su tono es crítico hacia quienes reducen el psicoanálisis a una técnica. Destaca la dimensión ética del psicoanálisis, la cual se opone a la técnica como rutina. “El esfuerzo de rigor realizado por Lacan en La ética del psicoanálisis consiste en indicar cómo se rompe con la rutina del placer con vistas a lo unheimlich del goce” (Miller, 1987-1988 [2019], p. 13).

Causa y consentimiento trata sobre la experiencia de un análisis, en su inicio, transcurso  y final.

Hay una significativa preocupación de Miller por los modos de decir sobre el psicoanálisis y apunta a que “nuestro estructuralismo no caiga en el mecanicismo” (Miller, 1987-1988 [2019], p. 14), señala que su sensación  “es que en este coloquio de practicantes  urge circunscribir mejor lo que hacemos en el análisis y lo que al respecto decimos en la teoría” (Miller, 1987-1988 [2019], p. 14).

A través del binomio causa y consentimiento, nos  remonta al origen mismo de la  historia del psicoanálisis, el polo de la causalidad y el polo del sujeto y lo ubica en contraposición al binomio sustentado por el discurso de la ciencia de causa-efecto, en el cual inscribe los diversos intentos freudianos por insertar allí al psicoanálisis. Es ese “consentimiento” que introduce entonces el sujeto que dice que “si” o bien que dice que “no”, pues el rechazo es también un consentimiento a otra cosa. Miller nos dice: “No sorprendo si recuerdo que un psicoanálisis es y fue una búsqueda de la causa” (Miller, 1987-1988 [2019], p. 91).

Despliega así un ordenamiento esclarecedor, en el cual, la causa en el psicoanálisis se lee en primer lugar como causa significante que introduce una indeterminación del sujeto. “Cada vez que alguien aborda el psicoanálisis a partir de la ingenua ambición de orientarse por la ley y no por la causa, no puede más que desconocer el sujeto” (Miller, 1987-1988 [2019], p. 250).

Lo seguimos en su  movimiento, mientras que Freud de entrada descubrió el inconsciente por el sesgo de las ciencias de la naturaleza, Lacan entró al psicoanálisis por el sesgo del sentido, cuestión que vemos plasmada en su escrito Función y campo de la palabra y el lenguaje de 1953.

Siguiendo esta  diferenciación nos indica que Lacan inserta el sentido en el esquema etiológico freudiano planteando que lo reprimido es un significado. La operación analítica, como levantamiento de la represión consiste en sacar del desalojo un sentido preso. Más tarde  sostuvo que el sentido no es causa sino efecto de la articulación significante. Es decir, el significado es función del significante, el significante es causa del significado. La causalidad misma del sujeto escapa así a la causalidad física.

Para Lacan el sujeto encuentra la causa en el Otro, pero a la vez  la elección no está excluida en la medida en que la relación entre el significante y el significado no es una relación causa-efecto.

Miller sitúa en el sentido, cierto grado de libertad subjetiva, en esa decisión insondable por la que cae en el ser o en el sentido. Ambos son los términos entre los que se articula la elección.

Ubica el origen en la etiología freudiana en la cual lo fundamental es una cuestión de doble causa. En la carta 46 a Fliess  de 1896, Freud razona en términos de trauma, es decir de incidente sexual que se produce en un momento dado de la vida y coloca la etiología dentro de la cronología con los estadios correspondientes.

La  causa primera, que es insuficiente, es donde ubicamos la inercia de la fijación introducida por el trauma sexual, un incidente caracterizado por un excedente de sexualidad. Una causa secundaria, pero eficiente, donde el despertar del recuerdo conlleva la represión. El excedente de libido freudiano de la Carta 46 a Fliess de 1986 ya anticipa el plus-de-gozar que Lacan conceptualizará mucho después. En Freud siempre estuvo la idea de un margen para el consentimiento del sujeto, por eso habló de tendencia y de elección de neurosis. En este sentido, Freud siempre está un paso adelante de las elaboraciones lacanianas. Es por el lado de la fijación que el objeto pequeño a toma el lugar de la causa y Lacan lee la represión como expresión del sujeto barrado.

Miller destaca que la lectura de Lacan de la causación freudiana es esclarecedora, consistió hacia el final de su enseñanza en tratar el trauma como trou, agujero, el trouma, que nos brinda la fórmula sincrónica del trauma sexual y que formula con su No hay relación sexual. Como puede leerse desde el principio, en el camino paso a paso que nos traza Miller, que a la altura del Informe de Roma de 1953, en la  primera traducción de Freud, Lacan abandona la causa en beneficio del sentido. Y en una segunda vuelta sobre su antecesor, en  La Instancia de la letra en el Inconsciente (…) de 1957, “Lacan debe saltar a pies juntillas por sobre sí mismo (…) para subrayar,  captar y construir que el sentido, antes puesto  en el lugar de la causa, (…) es el efecto de una causa” (Miller, 1987-1988 [2019] p. 209).

Plantea entonces una causalidad significante y relega el sentido al lugar de efecto. Pero el sujeto también es efecto del significante, el sujeto al que apuntamos en la experiencia no es más que un efecto de significación.

Miller nos conduce también, a partir de los conceptos de causa y consentimiento, por todo el trayecto de una experiencia de análisis.

A la entrada de un análisis se intenta capturar ese sujeto que es una indeterminación. Vamos evaluando si el sujeto es capaz o no de despegarse de su posición inicial, si será capaz de separarse de sus ideales, su margen de autonomía, poder tomar distancia respecto de los ideales que lo sostienen como persona. En el curso de una cura señalamos los giros a partir de las sucesivas caídas de las identificaciones, de las causas significantes. ¿Qué queda al final del análisis?

Si el curso de un análisis está orientado por la caída de los significantes amo, que un sujeto sea efecto del significante entraña que también se produzca la caída del sujeto, el final del análisis es entonces la destitución subjetiva. Pero lo que resta de un análisis no es el sujeto, es la causa no significante que está en juego, a. El cifrado de goce, es decir, la sustitución del goce por el Otro, no es exhaustiva (…) y por lo tanto “Lo que llamamos a es aquí una suerte de monumento que conmemora el hecho de que el goce es irreductible al Otro” (Miller, 1987-1988 [2019]  p. 325).

El final del análisis  posibilitará  verificar si el sujeto ha consentido a deshacerse de las vueltas de sus identificaciones y si ha podido modificar su  posición respecto de la causa. Es la destitución de esa continuidad que implicaba su sujeción a los S1 que comandaron su vida, momento de verificar “si quiero lo que deseo”. Esto implica una reformulación de su relación al goce desconocido que alberga el síntoma, lo cual incluye un cambio de posición subjetiva que implique otra relación para con el deseo y su causa.

Además del tema central, Miller aborda lo que denomina el gran esfuerzo de Lacan orientado hacia la unificación de la teoría analítica, “una verdadera elucidación del sentido del retorno a Freud promovido por Lacan” (Miller, 1987-1988 [2019], p. 333), base de la clínica y la práctica analítica.

Lacan propone reemplazar el Edipo freudiano por la metáfora paterna y lo hizo  mediante matemas que utilizar allí donde en Freud había relato, mito, establece una sustitución significante: el significante Padre (Nombre-del- P) en el lugar del significante Madre (significante de su deseo).

A partir de la lectura del texto de Sigmund Freud Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico, Miller señala la frase más importante de ese texto, “ la sustitución del principio de placer por el principio de realidad no implica el destronamiento del primero, sino su aseguramiento” (Miller, 1987-1988 [2019]  p. 361). Para Freud en el principio el sujeto se satisface sin obtener lo que está en juego en la realidad exterior. El goce precede a la realidad.

Miller con su lupa encuentra a un Lacan que corrige a Freud, algo que aclara, ha ocurrido en contadas oportunidades y a la altura del Seminario Aún,  sostiene que el goce no es anterior a la realidad, el Lustprinzip sucede al lenguaje; una contrateoría lacaniana del desarrollo que sostiene que primero hay una relación al mundo, la satisfacción, desde el momento en que un sujeto habla, no está en el mundo exterior sino en el lenguaje mismo.

Miller lee  así a Lacan: “(…) del goce perdido en la sustitución de un principio por el otro, puede nacer un goce sustitutivo que se encuentra en el nivel mismo del significante” (Miller, 1987-1988 [2019]  p. 362).

Sobre el final del curso,  Miller nos habla del “delirio generalizado” postulado por Lacan a partir de la psicosis, como punto de partida  para mantenernos en el nivel de la realidad, que es el fantasma. La realidad como la verdad que tiene estructura de ficción, “decir que la verdad tiene estructura de ficción es lo contrario de decir que la verdad depende de la referencia, es más bien decir que la verdad no depende de la adecuación a la realidad” (Miller, 2019, p. 402). La causa está vacía.  Hablamos de lo que no existe.

Leer hoy Causa y Consentimiento es de actualidad para la clínica, la teoría y la política en el Psicoanálisis de Orientación Lacaniana. Su lectura nos deja en el sendero por donde la causa es el encuentro de cada uno con el propio goce del cual somos siempre responsables y el consentimiento es una insondable decisión.

Referencias

  • Miller, J.-A. (1987-1988 [2019]). Causa y Consentimiento. Buenos Aires: Paidós.

  • Freud, S. (1911 [1991]). “Moisés y la religión monoteísta” en Obras Completas, Tomo XXIII. Buenos Aires: Amorrortu.

  • Lacan, J.  (1946 [2008]). “Acerca de la causalidad psíquica” en Escritos 1. Buenos Aires: Siglo XXI.

  • Lacan, J. (1953 [2008]). “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis” en Escritos 1. Buenos Aires: Siglo XXI.

  • Lacan, J. (1957, 2008).“La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud” en Escritos 1. Buenos Aires: Siglo XXI.

  • Lacan, J. (1966 [2008]). “La ciencia y la verdad” en  Escritos 2. Buenos Aires: Siglo XXI.

  • Lacan, J. (1972-1973 [1991]). “Aún” en El seminario de Jacques Lacan. Libro 20. Buenos Aires: Paidós.