CORDERO | Nuevo imaginario en tiempos farmacopornográficos 2018-08-01T19:15:28+00:00

Descripción del proyecto

Nuevo imaginario en tiempos farmacopornográficos

ROBERTO CORDERO

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Resumen

El presente trabajo se interroga sobre el tratamiento que se hace en la obra de Paul B. Preciado sobre la relación entre el registro imaginario y lo real, independiente de su copulación con lo simbólico. El imperativo a gozar y la caída del Otro en el orden farmacopornográfico hace estallar la imagen del cuerpo cartesiano, a la vez que posibilita nuevos modos de goce que dan consistencia al cuerpo. En ese contexto, las prácticas contra-sexuales se proponen como campo para indagar un imaginario que instaure el sentido.

“La verdad del sexo no es desvelamiento, es sex design”

(Preciado, 2008 [2014] p.36).

Hacia el final del seminario El sinthome (Lacan, 1975-1976 [2015]), Lacan propone la orientación por lo real como apuesta para el psicoanálisis. Dado que lo real forcluye el sentido, orientarse por lo real hace del psicoanálisis no más que un “cortocircuito que pasa por el sentido”(p.120). ¿De qué modo pensar este paso por el sentido? Lacan da una indicación: “es preciso estrellarse, si puedo decir así, contra un nuevo imaginario que instaura el sentido” (p. 120).

En la octava clase de este seminario, el sentido es definido como la copulación del lenguaje con el propio cuerpo, es decir de lo simbólico y lo imaginario. Tal articulación entre ambos registros tomó diferentes modos a lo largo de la enseñanza de Lacan. Cuando lo imaginario sutura la hiancia provocada por el corte de la lengua sobre la carne, y opera velando los objetos pulsionales en el campo del Otro, es posible ubicar al registro imaginario supeditado al simbólico. Una articulación similar se capta en los desarrollos sobre el esquema óptico del Seminario 1 (Lacan, 1953-1954 [2013]), cuando la coherencia de la imagen virtual como gestalt que ordena lo real, depende de su articulación con el Ideal anclado en el campo del Otro. En ambos casos el sentido se instaura a partir de lo simbólico. Entonces, ¿cómo pensar un nuevo imaginario que instaure el sentido, para sostener una orientación por lo real? Esta pregunta lleva a indagar la relación del registro imaginario con lo real, independiente de su copulación con el registro simbólico.

Para adentrarse en esta relación, Indart (Tudanca, Gil, Gorenberg y Rodríguez de Milano, 2017) propone tomar en cuenta dos referencias. Por un lado, la imagen real en el esquema óptico, aquella que queda como “resto necesario en la física de ese modelo” (Tudanca et al, 2017, p.143) para que, en un segundo tiempo, la imagen virtual pueda anudarse en el campo del Otro. Esta primera referencia sería útil para interrogar cómo podría sostenerse lo imaginario sin ese momento posterior de anclaje en lo simbólico, es decir cómo operaría la imagen real de modo independiente.  Por otro lado, propone retomar la noción freudiana de libido narcisista, opuesta a la libido objetal. Para Indart, lo imaginario no se articula al cuerpo para orientarlo en el “mundo externo” situando objetos, fines y metas, sino para dar lugar a “algo del goce opaco de la vida de ese cuerpo” (Tudanca et al, 2017, p.139). Esto tendría como efecto inflar la consistencia imaginaria del cuerpo. De ambas referencias, Indart concluye que un modo posible de orientarse en esta búsqueda, implica para el psicoanalista contemporáneo, estar atento a los goces que preservan el imaginario corporal y dan consistencia al cuerpo, es decir los goces que no son del objeto a.

El presente trabajo pretende tomar esta indicación. Para ello, se indagarán algunas puntuaciones en la obra de Preciado, filósofo[1], activista queer y una de las referencias internacionales de los estudios de género, y de políticas del cuerpo y de la sexualidad. Preciado propone una lectura deconstructivista de las tecnologías de producción de cuerpos en la historia contemporánea, partiendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En ese marco, describe el desarrollo del capitalismo sostenido en dos grandes industrias, la farmacológica y la pornográfica, para buscar allí “las huellas de aquello que ya es el fin del cuerpo, tal como este ha sido definido por la modernidad” (Preciado, 2002, p.20). Su descripción de los modos de consumo, de circulación del goce y de la producción de los cuerpos deja en evidencia la precariedad simbólica para instaurar el sentido, aquello que Miller y Laurent (Miller y Laurent, 1996-1997 [2013]) ubicaron como el Otro que no existe. Al mismo tiempo, durante su recorrido, Preciado esboza una nueva noción de cuerpo que toma consistencia en este circuito desregulado.

La lectura de Preciado, ¿qué puede enseñar al psicoanálisis sobre los modos de relación entre lo imaginario y lo real en la época contemporánea? ¿Qué formas posibles de consistencia de los cuerpos describe su obra?

Potentia gaudendi

Preciado (2008 [2014]) propone un concepto para entender el cuerpo en relación al circuito capitalista. Allí, el cuerpo se inscribe como una “fuerza orgásmica” o potentia gaudendi que circula —al mismo tiempo que se produce— en ese circuito de producción-consumo. Esta definición es tomada de la noción filosófica de “potencia de actuar o fuerza de existir” (Preciado, 2008 [2014], p.41) elaborada por Spinoza (2000) e implica la conjunción al mismo tiempo de “fuerzas somáticas y psíquicas” (Preciado, 2008 [2014], p.41) en un movimiento constante que “transforma el mundo en placer-con” (Preciado, 2008 [2014], p.41). Esta fuerza se caracteriza por su capacidad indeterminada, por no reconocer las oposiciones simbólicas, ni las diferencias entre sujeto y objeto, ni las posibilidades de “ser excitado, excitar o excitarse-con”. Tampoco es algo que pueda poseerse, conservarse o asignársele pertenencia, es decir no hay posibilidad de identificar esta potencia como propia o de otro. Para Preciado, “la potentia gaudendi existe únicamente como evento, relación, práctica, devenir” (Preciado, 2008 [2014], p.42).

Si esta potencia solo existe y se produce como circulación, el cuerpo vivo se define como su sustrato. Por eso, el cuerpo no puede entenderse como base biológica prediscursiva, exterior a los circuitos de producción. El cuerpo mismo se configura como un efecto de la circulación y producción de la potentia gaudendi en el circuito capitalista. Podría decirse que, para Preciado, el cuerpo es la consistencia de una fuerza constante e inaprehensible por lo simbólico y puesta a circular sin ningún tipo de regulación.

Para Preciado, el circuito capitalista se erige en un ciclo continuo e ilimitado de excitación-frustración, apoyado en la tecnociencia. Por ese motivo, la industria farmacológica y la pornográfica son sus representantes por excelencia, a tal punto que Preciado los nombra como “orden  farmacopornográfico” (Preciado, 2008 [2014]). En ese contexto, conceptualiza un cuerpo que se produce como mercancía en la que la tecnociencia inscribe sus fantasías. La noción de cuerpo que se desprende del concepto de potencia gaudendi es un producto de la relación directa de lo vivo con un circuito de excitación-frustración ilimitado. Los objetos e imágenes que el orden farmacopornográfico pone a circular sin ningún tipo de mediación simbólica tienen efectos sobre la consistencia del cuerpo. Esto permite a Preciado pensar un cuerpo en el que no solo se diluyen los límites de la piel, sino que también hace estallar el límite biológico-sintético, humano-prótesis, órgano-función, sujeto-objeto. Viagra, por ejemplo, no es un suplemento que mejora un cuerpo natural puro y deficitario, sería quizá la producción de un cuerpo eternamente joven, a partir de la inscripción en la carne de una fantasía de potencia sexual ilimitada, mientras mueve millones de dólares. O la de producir deportistas-máquinas que no sienten los límites de la falta de oxígeno en la altura. Así mismo, a partir del Viagra no sólo se tendrá sexo con el órgano reproductor, o se jugará al fútbol con los pies y los pulmones: el sistema circulatorio tendrá una nueva función.

Prótesis

Para pensar de qué manera se da la consistencia del cuerpo en el circuito capitalista, Preciado acude a la noción de prótesis. Rastrea su genealogía en el concepto aristotélico de órganon, que “designa el instrumento o la pieza que, unida a otras piezas, es necesaria para realizar algún proceso regulado” (Preciado, 2002, p.128). Órganon es un elemento necesario de la techné (la técnica) para facilitar una actividad y, por lo tanto, condensa saberes, normas y modos de relaciones a partir de los cuales se puede aprehender la realidad. Desde esta definición, Preciado se sostiene para decir que la noción de “órgano” no tiene que ver con la vida, sino con la idea de prótesis tecnológica.

La prótesis representa el modo en que la técnica se apropia de la carne y reconfigura el cuerpo cada vez que se utiliza. Al entrar en acción, la prótesis potencia el cuerpo, lo hace más productivo acorde a las exigencias del mercado. Al mismo tiempo, introduce los saberes y modos de relaciones que el orden farmacopornográfico impone, creando cuerpos a la medida de sus fantasías. Google Maps permite orientarse en cualquier lugar desconocido y realizar cálculos precisos de desplazamiento. Después de esta aplicación, el sentido de la orientación, del tiempo y del espacio serán extraños al estado off-line. En Embrollos del cuerpo (Miller et al, 1999 [2016]) ubica un caso clínico en el que una paciente se desestabiliza cuando le suprimen —de un día para el otro— la medicación que ella utilizó durante quince años. La droga llamada Pondéral. Acción prolongada opera como elemento que ordena un cuerpo para ese ser hablante en particular. En términos de Preciado, es posible captar allí la función de prótesis. Si la prótesis surge como aquello que posibilitaba reinsertar un cuerpo en el proceso productivo —generando a la vez un nuevo consumidor— también modela la imagen del cuerpo dando acceso a nuevos modos de goce.

Este potencial para modelar la imagen que presenta la noción de prótesis de Preciado, se da al mismo tiempo en que hace estallar la imagen del cuerpo cartesiano. La prótesis no solo cuestiona la relación órgano-función, sino también hace de cada objeto un posible órgano. El par externo-interno se desdobla y con él también cae la idea de pertenencia y posesión. Para tratar el concepto de prótesis, Preciado acude al uso del consolador de silicona en las prácticas sexuales, indicando que este objeto trastoca los límites erógenos del cuerpo de la modernidad, de este modo

(…) viene a poner en cuestión la idea de que los límites de la carne coinciden con los límites del cuerpo. Perturba de este modo la distinción entre sujeto sensible y objeto inanimado. Al poder separarse, resiste a la fuerza con la que el cuerpo se apropia para sí mismo del placer, como si este fuese algo que viniera del propio cuerpo. El placer que procura el dildo pertenece al cuerpo solo en la medida en que es re-apropiación. (Preciado, 2002 p.70)

Contra-sexualidad

En el mismo movimiento en que el orden farmacopornográfico estalla el cuerpo de la modernidad, emergen nuevas formas posibles de darle consistencia. No solo la biotecnología, las técnicas prostéticas y quirúrgicas fabrican una “nueva apariencia de la naturaleza” (Preciado, 2008 [2014], p.154) al combinarse con representaciones provenientes del cine o de la arquitectura, sino que también la pornografía es una tecnología de producción de cuerpos.

Según Preciado, se trata de una fuente de producción de imágenes que —en palabras de Linda Williams—se hacen cuerpo. En su obra, la pornografía sería un dispositivo masturbatorio que produce “la ilusión visual de la irrupción en lo real puro” (Preciado, 2008 [2014], p.204), activando mecanismos de excitación por fuera de la voluntad del espectador, des-subjetivando a quien mira. En este sentido, podría pensarse desde el psicoanálisis que el consumidor del porno queda reducido a ser objeto mirada, como queda Lacan (Lacan, 1964 [2003]) incluido en el cuadro frente a la lata que flota en el mar. Sin embargo, retomando el texto de Indart (Tudanca et al, 2017), no sería este aspecto de la pornografía el más conveniente para estudiar cómo se articula un “nuevo imaginario”. Allí Indart opone el fenómeno de las selfies, que podría enseñar sobre el modo en que para alguien el goce opaco del cuerpo toma consistencia en la imagen. Algunos seres hablantes pueden, a partir del tratamiento de la imagen de su cuerpo en las redes sociales, articular cierto orden en el cual inscribirse. Es decir, instaurar un sentido desde la relación entre lo imaginario y lo real.

Ante esta tecnología —que plasma las fantasías heterocentradas en los cuerpos, a la vez que empuja hacia el imperativo farmacopornográfico a gozar masturbatoriamente— Preciado propone otra práctica. La contra-sexualidad como práctica de resistencia queer sería un modo diferente de dar tratamiento al cuerpo. Para la contra-sexualidad, el cuerpo es una plataforma de resistencia y acción política en la cual se puede intervenir —con las tecnologías propias del orden farmacopornográfico— subvirtiendo aquello que se propone como “orden natural”. Si el movimiento queer se apropia de un insulto que señala lo abyecto, para reintroducir en el discurso ese deshecho como un potencial de subversión política, en la contra-sexualidad se juega la misma lógica, pero poniendo en juego la carne.

La contra-sexualidad promueve un tratamiento particular de la no relación sexual. Para este movimiento, “los cuerpos se reconocen a sí mismos no como hombres o mujeres, sino como cuerpos parlantes” (Preciado, 2002, p.18) que pueden hacer tambalear los fantasmas heteronormativos interviniendo en lo real sin velos. Estos cuerpos operados, transformados o sus prácticas sexuales aparentemente monstruosas al orden heteronormativo, abren paso a nominaciones, colectivos, movimientos que en algunos casos posibilitan cierta inscripción en el campo del Otro. Como indica Fajnwaks (2013), “lo que está en juego en las culturas queer es la búsqueda de una nominación a partir de un modo privilegiado de goce sexual, por fuera de una norma fundada sobre el género” (p.99).

Entre los aspectos de la relación imaginario-real que se pueden captar en estas puntuaciones sobre la obra de Preciado, es posible tomar al menos tres puntos. En primer lugar, y en línea con lo que sitúa Miller (1989-1990 [2011]) en el Banquete de los analistas, en el circuito capitalista la realidad no se sostiene en el fantasma —como ocurre en el discurso del amo— sino que el plus de gozar desregulado sostiene la realidad en tanto tal, es decir, el fantasma se hace real. En el orden farmacopornográfico las fantasías se hacen carne, y ello desarma al cuerpo cartesiano que, mediante el pensamiento, fundaba el par interior-exterior para mantener a distancia la realidad. El imperativo a gozar no preservaría el imaginario corporal cartesiano.

En segundo lugar, si bien en la proliferación de las tecnologías y los medios de comunicación del orden farmacopornográfico se abre un campo fértil a diversos anudamientos posibles entre lo imaginario y lo real, los análisis de Preciado no siempre parecen suficientes para precisar cuándo está en juego un tratamiento del goce opaco del cuerpo por la vía de la imagen o bien cuándo el tratamiento imaginario en relación al plus de goce se encuentra desregulado fuera de cuerpo.

Finalmente, en el recorrido de Preciado, las prácticas contra-sexuales posiblemente podrían tomarse como un campo propicio para indagar cómo, en algunos casos, se instaura el sentido a parir de lo imaginario, en relación a un goce que da consistencia al cuerpo.

[1]En enero de 2015, como un acto político de resistencia queer, Paul B. Preciado decide dejar atrás el nombre con el que había sido inscripto en el registro civil, y con el que había firmado sus tres libros publicados hasta el momento: Beatriz Preciado. “Cada vez que alguien me llama ‘Paul’ borra conmigo lo que el género normativo quiso hacer de mí” (Curia, 5 de Junio de 2015), sostiene este filósofo/a y activista. En el presente texto, se escriben ambos géneros gramaticales cuando se califica a Preciado, dado que, cuando habla de sí mismo/a, se refiere de modo indistinto cada vez.

Referencias

  • Curia, D. (5 de Junio de 2015).“La importancia de llamarse Paul” en Página 12. Disponible AQUÍ.

  • Fajnwaks, F (2013). “Cultures queer: altérité et homosexualités” en Elles ontchoisi. Les homosexualitésféminines. París: EditionsMichéle.

  • Lacan, J. (1953-1954[2013]). ¨Los escritos técnicos de Freud¨ en El seminario de Jacques Lacan. Libro 1. Buenos Aires: Paidós.

  • Lacan, J. (1964[2003]).¨Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis¨ en El seminariode Jacques Lacan. Libro 11. Buenos Aires: Paidós.

  • Lacan, J. (1975-1976[2015]).¨El sinthome¨ en El seminario de Jacques Lacan. Libro 23. Buenos Aires: Paidós.

  • Miller, J.-A. (1989-1990[2011]). El banquete de los analistas. Buenos Aires: Paidós.

  • Miller, J.-A.& Laurent, E. (1996-1997[2013]). El Otro que no existe y sus comités de ética. Buenos Aires: Paidós.

  • Miller, J.A. (1999[2016]). Embrollos del cuerpo. Buenos Aires: Paidós.

  • Preciado, B. (2002). Contrasexual Manifesto. Madrid: Ópera prima.

  • Preciado, B. (2008 [2014]). Testo Junkie. Sex, drugs and biopolitics. Buenos Aires: Paidós.

  • Spinoza, B. (2000). Ética demostrada según el orden geométrico. Madrid: Trotta.

  • Tudanca, L., Gil, P., Gorenberg, R., Rodr R., Rodrnberg, R., Rodr., (2017). Lo imaginario en Lacan. Buenos Aires: Grama Ediciones.

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